Más historias londinesas para no dormir

Imagen de Elenita

17 de agosto de 2005

Amanece que no es poco y no nos podemos creer que haga tan buen tiempo. Irene vuelve a insistir en la suerte que tenemos. La semana anterior, dice, ha hecho un tiempo de perros. Y a nuestra llegada, para que no nos añoráramos en demasía, el sol ha decidido acompañarnos desde España.

Planeamos el día. No tenemos ni idea de lo que queremos hacer. Es un buen punto de partida. Como mi estómago es el rayo que no cesa, lo primero que hacemos es comprar un jarabe para rayos ácidos. En la tienda no nos van a entender si decimos que queremos un jarabe para the acid thunderlights of my stomach así que nos leemos todas las instrucciones de los remedios expuestos. Escojo uno, más que nada porque tiene sabor a anís y eso siempre es un plus. El remedio remedia.

Nuestro primer objetivo son las tiendas de ricos avalorios en Camden Town. Es curioso volver a Londres 16 años después de la primera vez. A los 15 años Candem me pareció un lugar increíble. En la Barcelona de entonces no había inmigración, ni la mayoría de cosas que podías comprar en las paradas de este mercado tan popular. Con 15 pensé que era totalmente alucinante la mezcla de culturas, los muebles y la ropa de segunda mano, las Martin's... Ahora en cambio ni a Tatxe ni a mí nos parece tan cool este conjunto de puestecillos orientados claramente al turismo. Es la grandeza y la miseria de la globalización.
En nuestra línea de turistas pardillos cometemos el error de empezar a comprar souvenirs para la familia nada más empezar el día. ¿Porqué ir ligeros cuando uno puede empezar desde buena mañana a machacar la espalda con peso?

Seguimos andando hasta Regent's Park. Lo que más nos gusta de este parque son los jardines de flores. Con la nueva cámara que me compró Tatxe para mi cumpleaños, decido centrarme en la naturaleza salvaje en plan National Geographic. Consigo hacer una foto de la abejis britannis regularis polinizando a diestro y siniestro.

Como queremos conseguir ampollas en los pies, seguimos nuestra andanza incansable hasta el Hyde Park. Creo que la mejor manera de ir desde Regent's Park hasta Hyde Park es transitando por las calles Marylebone y James Street. En Marylebone hay tres tiendas de obligada visita: la chocolatería Rococco, la Pastisserie Valerie y la Daunt Bookshop. Todas son muy peligrosas para el bolsillo. Pero la última es especialmente tentadora. Si no quieres gastar dinero puedes conformarte con curiosear y descansar los pies un ratito en las sillas que ofrecen para que los visitantes ratas como nosotros dejen caer sus cada vez más duras posaderas (por el efecto de caminar todo el día vs. estar todo el día sentado en la oficina en período no vacacional).

Antes de llegar a Hyde Park, nos damos un rulillo por Oxford Street. Acabo dando la razón a Tatxe y a mi tía: si no fuera por los autobuses rojos de dos pisos, Oxford Street se llamaría Calle Pelayo. Nos metemos en un megastore de CDs, DVDs, juegos, etc. Después de un rato, observo el rostro compungido de Tatxe. Se le empieza a fruncir el ceño y a pesar de tener la boca gruesa (y muy atractiva ;) es capaz de convertirla en dos finos labios apretados en el marco de una cara que se transforma en una mueca de desprecio. ¡Oh, oh! Algo va mal. Le pregunto a Tatxe qué pasa y me dice que se ha enfadado con los cabrones de los ingleses que no subtitulan a otras lenguas que no sea la suya. Decide que son una panda de sajones de mierda y se niega a comprarse nada.
Yo la verdad es que no me puedo resistir. Traiciono el honor patrio de Tatxe para caer en las redes del consumismo exacerbado y el chovinismo inglés. Compro la dos temporadas y los especiales de Navidad de The Office y Spirited Away.

Estamos algo hambrientos y decidimos parar en un pub para pedir un Fish and Chips y una Guiness. Cuando nos ponemos en plan guiri, nos ponemos; ponerse por ponerse es tontería. Todos los allegados de Tatxe conocen su aversión a los guisantes, por considerarlos redondos, verdes y estúpidos. Nuestra sorpresa es mayúscula cuando el enorme plato de la popular pieza de gastronomía inglesa viene acompañada con una generosa guarnición de estas bolitas tan sabrosas. La cara de Tatxe al verlos es todo un poema. Please analízese el ángulo de la mirada fría y escrutadora y la cara de palo de Tatxe en esta foto.

Dejamos atrás el mal rollo guisantero y llegamos a Hyde Park. Nos damos cuenta rápidamente de que el fantasma de la pesada y petarda Lady Di está por todas partes. Hay cientos de cosas que la recuerdan: el jardín de Diana, el paseo de Diana, el aroma embotellado del pedo que se tiró un día antes de su boda siendo aún Diana Spencer, el moco de Diana de Gales, guisantes con la cara de Diana grabada en tinta de calamar... La verdad es que nos gusta mucho más la estatua de Peter Pan o The Serpentine.
Yo estaba empeñada en enseñarle a Tatxe el Kensington Palace, no sé aún porqué y en mi intento, me pierdo 4 veces. Además las cuatro veces acabamos en el Royal Albert Hall con el pesado de The Albert Memorial delante.

Dispuestos a hacer de éste un día que cundiera, proseguimos caminando hasta el palacio de la reina (una chabolilla). Nos queda aún un parque: St. James. Vamos a por él. Después del parque, nuestro amigo Ben y por primera vez cruzamos el río Támesis para acabar a los pies de The Eye, una noria que es famosa. Tiene delito que una noria sea famosa, realmente esta gente sí que sabe pasárselo bien (Tatxe dixit).
Yo quería subir, pero Tatxe me hizo notar la hora en Ben y debíamos regresar a casa porque habíamos quedado para cenar con Irene. Además había una cola larga de guiris ansiosos y eso siempre es un motivo más para no hacerla.
Cerca de la noria, en la Saatchi Gallery, había una exposición de Dalí. Fue curioso ver relojes blandos a las orillas del Tamésis.

No encontramos el metro de vuelta y nos pegamos unos voltios tontos intentando encontrar la estación de London Bridge. Mientras finalmente esperábamos nuestro metro reflexionamos sobre los nuevos conocimientos adquiridos ese día. Los parques van por especialidades: en unos entrenan, en otros juegan a badminton (panda maricones - Tatxe re-dixit) y en otros a fútbol. La Guiness sigue siendo muy amarga. La gente del metro sigue siendo muy amable.

Irene nos había preparado otra cena maravillosa: pollo al curry con arroz basmati. Mi hermana nos comentó que debido a la dieta vegetariana de Paul, rara vez come carne. Y es que los ingleses son muy pragmáticos: ante una gastronomía bastante penosa, deciden ser vegetarianos con una elegancia y una convicción tan acentuadas que parece que realmente lo escojan libremente y no obligados por la tiranía de haber nacido en las antípodas de la variedad y la profusión de sabores de la dieta mediterránea. Es como los de Bilbao, que deciden dónde nacen. Comentamos que a veces, el comer carne, te da más energía. A mí me paso un día, que estaba pocha y por la noche comí carne roja y al día siguiente estaba llena de energía.
Confirmamos también que la leche y la mantequilla es de lo mejor que se puede encontrar por estos lares. Eso sí, a la mantequilla le ponen sal, no como en España que viene sosa por defecto.
Tatxe cambia de tema y dice que es más limpio en Londres que en BCN. Dice que esa imagen que nos han dado de que las ciudades de fuera de España son más limpias que las nuestras hace que uno vaya con complejo de guarro. Pero la verdad es que piensa que Londres está tan guarra como puede estarlo BCN, además en Londres tienen una clara insuficiencia papeleraica, te puedes tirar media hora con un papel en la mano hasta encontrar una papelera.

Con estas profundas reflexiones, nos vence el sueño y nos ensobramos en la Restform.