Regalos

Imagen de Tatxe

Otra de las cosas divertidas que tiene la Navidad es que a todos nos da un ataque compulsivo de compras. Hay que buscar cosas para regalar. Yo no ceso de maravillarme, yo siempre he pensado que la Navidad es para que la familia -o lo que uno tenga a mano- se junte y se haga unas risas. De, hecho, más que unas risas es más una reposición. Se cuentan los mismos chistes, los parientes hacen los mismos comentarios y la tía Petunia siempre afirma que este champagne es muy fuerte y se le ha puesto contentilla.

A parte de estas pequeños detalles de realismo mágico, lo que si considero brutal es el tema de regalar cosas. Ya, de entrada, uno hace una lista mental de a quién tiene que regalar cosas y la lista es extrañamente reducida: sobrinos. Pero como uno tiene una novia de esas que tienen conciencia social, la lista se va aumentando hasta límites insospechados. En nuestro caso pasa de dos elementos a diecisiete. ¿sorprendente?, pues espera que todavía hay más.

No contentos de tener un incremento algorítmico de la lista de receptores, sino que se multiplica también la dificultad de aparejar regalos. Porque reconozcámoslo, una cosa es regalar cosas a niños/adolescentes (muñeca y juego de la Play) y otra es regalar cosas a gente que realmente -y gracias a dios- tiene de todo. Te toca carcomerte los sesos para saber que narices le haría ilusión. ¿Que le regala uno a sus padres?, una corbata queda cutre, un reproductor MP3 y son capaces de colocarlo en el comedor como si fuera una figura de porcelana. Total, un verdadero desastre. Tal es así, que se de buena tinta que hay gente que se intercambia listas de regalos, para no cagarla y regalarle una caja de bombones a alguien que es alérgico al chocolate. Con lo cual, pasamos directamente de la ilusión de la Navidad a los regalos concertados.

En fin, yo me resisto a los regalos concertados, de hecho me da mucha angustia el que me regalen cosas -soy raro, que le voy a hacer- Pero me pone malo el tema de los regalos por narices y encima sobre listas. A mi me encanta hacer regalos, pero cuando veo algo que se que gustará, no el comprar algo porque dentro de dos días toca regalo por narices, y encima, regalos que van sobre pedido.

Pero bueno, al menos, las listas de regalos te ahorran los dos traumas, el de buscarlo y el de rezar que obsequiado sepa fingir cuando lo recibe.

 

Comentarios

Opciones para ver comentarios

Seleccione su modo preferido de despliegue de comentarios y haga clic en "Salvar opciones" para activar sus cambios.
Imagen de Xurri

La lista de la compra: un rasgo català???

Lo de la práctica lista de regalos se me antoja una muestra de la eficacia catalana frente a los más pequeños problemas cotidianos. Otra manifestación realista tipo caganer.

Para qué dejar abierto a la incerteza un gasto?, por otra parte obligado, cuando puede orientarse cómoda y convenientemente a satisfacer necesidades domésticas...

La cosa llega al grado de especificar talla, color, precio y comercio en el que la prenda se adquiere con mejor relación calidad/precio.

La guinda es dar el tícket de compra, como elemento práctico en caso de error (a pesar de los detalles), y como prueba del gasto incurrido = afecto medido, pesado y satisfecho.

Puede alguien -no catalán- tranquilizarme diciéndome que esto no es una costumbre solo "nostra"? Me encantaría saber si en Valladolid o en Badajoz también lloran.

Imagen de Marisa

Si te sirve de consuelo yo

Si te sirve de consuelo yo también odio que me hagan regalos. Preferiría que nadie gaste la pasta en mí para regalarme cualquier chorrada que irá de cabeza a un armario. Sin embargo me encanta hacer regalos que sé que hacen mucha ilusión, tarea muy difícil.
En mis cumpleaños pido que no se me regale nada que no se pueda compartir con todos los que estemos en la fiesta. Con esta estrategia no acumulo nada y siempre aciertan.

Opciones para ver comentarios

Seleccione su modo preferido de despliegue de comentarios y haga clic en "Salvar opciones" para activar sus cambios.