Telemarketing
Hoy estaba tan campante andando por la calle disfrutando del solecito que hacía y de los comercios que hay en el barrio. Que si por aquí tienen flores, que si por aquí una paradita de quesos chulos, que si en el otro lado una tienda de productos gallegos de calidad... en fin, yo estaba en mi propio mundo ajeno a todo. En estas que estaba yo pensando en cosas peregrinas cunado me ha sonado el móvil.
Era un tipo que decía que tenía una oferta inigualable e inimaginablemente buena para mi, para mi vida y para los dedos anulares de mis pies (si es que existen en esos dominios pinreleros dedos para ponerse los anillos de casado). Yo le decía que vale, que me alegro mucho de conocerle, pero que no tomaría ninguna decisión sobre nada por teléfono, que me lo enviara todo por correo y luego decidiría. El bueno hombre se ha quedado espantado (aunque yo diría que ha sido finjido, porque esto lo tienen ensayado seguro) y ha insistido que si rechazaba la oferta me quedaría calvo de detrás de las orejas y que perdería toda la visión del ojo izquierdo. Yo, ya tenía casi a punto una rotura de stocks de paciencia, he conseguido hacer reajuste en la cadena de producción de la serotonina y le he dejado seguir hablando.
Como el tipo seguía a lo suyo explicándome todas las características del producto y que no solo daba la felicidad a uno mismo sino que se podían hacer paquetitos y regalarlos por Navidades, yo he desconectado directamente. Era realmente triste ver como el operador estaba hablando y hablando y yo paseando a mi bola por la calle diciendo frases tan inteligentes y de tamaña astucia como aha.
En un momento dado, noto que a mi oído le llega una frase estilo ... de modo que lo contrata ahora.... Mierda, supongo que estaba tan distraido que he dicho un aha fuera de tiempo, me rehago rápidamente y le digo que no, que no quiero comprar nada por teléfono, que lo quiero todo por escrito para tenerlo claro. El operador se que quedado esta vez descolocado (y esta si que parecía en serio). Me pregunta si estaba escuchando, y uno que es así de campechano y la vez un poco inútil, y voy y le suelto esa frase de no, la verdad es que no. Ya le he dicho que por teléfono no hago nada, si quiere que mire algo envíemelo por correo y lo estudio detenidamente.. Ahora si que he conseguido cabrear al teleoperador, y no hay dudas al respecto porque me contesta:pues ya le llamaré cuando pueda prestar atención y me cuelga el teléfono.
¿Cual es la moraleja de esta historia?, pues si contesto sin pensarlo, me suena que es un barrio de Madrid, pero haciendo un esfuerzo intelectual puedo llegar a varias conclusiones.
- Un teleoperador no es tu amigo, está para venderte algo. No te cortes y dile que no y cuelga.
Es triste, es feo, pero es que ya se me hinchan las narices y casi no me ajustan las gafas ante tanta intromisión en mi vida. Uno está tan ricamente paseando, o tumbado o leyendo y le suena el teléfono. ¿Sera Elenita?, ¿Será Camel?, ¿Será Casta?, ¿Será un frigorífico?... no señor, será un fantástico producto, el abdominzier 500. El fantástico aparato que le promete tener unas abdominales que tanto servirán para rallar queso como para volver locas a las turistas que vienen de viaje buscando microplanes. Lo que nunca te dicen es que ese trasto acaba debajo de la cama o detrás de algún sofá o directamente en esa caja de color verde que hay en las calles de algunas ciudades.
En todo caso, no te angusties si tu has picado y lo has comprado, recuerda que ahora eres más feliz y lo que es mejor, no te quedarás ciego del ojo izquierdo. Algo es algo.
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