Tonterias mañaneras

Imagen de Tatxe

Más de una vez me he despertado a las tres de la madrugada pensando que eran las seis, y otras tantas me he despertado a las seis pensando que eran las tres. Como esto es la vida real y no son pura matemáticas, la propiedad permutativa no se suele aplicar a no ser que sea fin de semana. En esos días tontos que uno duerme mucho, descansa poco y se levanta con el tiempo justo como para olvidarse las llaves, no se está para hacer reflexiones.

Esas mañanas, sobretodo las de invierno, en las que uno se levanta sin luz, sin ganas y con un frío que hace que te recorras el pasillo hasta la ducha abrazándote, hace que te plantees porque narices tenemos que madrugar. Una vez llegas a la ducha, y mientras vas probando la temperatura del agua con la mano, y compruebas por enésima vez la teoría de la relatividad: cuanto más frío tengas más tiempo tarda en calentarse, piensas que harías si pudieras tirarte todo el día en la cama. Quizás no todo el día, pero si levantarte cunado te apetezca. Si existe alguna persona seguro que lleva los calzoncillos rojos por fuera y va de superheroe, es más es un superheroe. Podríamos llamarle Capitán Argfff, por ser el ruido más característico que suelen emitir los seres humanos al levantarse después de una buena siesta. Aunque se han documentado casos de gente que ha exclamado ¿Qué hora é? mientas se rascaba sus partes nobles.

El caso es que la mayoría de mortales, de los inmortales ya ni hablo porque los mataría a collejas y eso sería una clara contradicción para su especie, no tenemos la suerte de tatuarnos las sábanas en nuestras mejillas en formato bajorrelieve. La excepción a estos casos es cuando estamos enfermos, pero este simple dato afecta a la percepción de quedarse hasta las tantas. No es lo mismo levantarse cuando uno quiera y hacer lo que le salga de las narices, que levantarse con dolores, toses, fiebres, gastroenteritis o cualquier otro síntoma.

Cuando estás en formato malo malito al final acabas hasta la narices de todo y te apetece ir a trabajar por el sólo hecho de poder encontrar físicamente bien. La última vez que recuerdo haberme quedado en casa fue un triste costipado, y a base de cremas, Vicks VaporUp, vahos de eucalipto y demás, pase dos días malos, pero que dos días. No podía respirar, dormía fatal y me despertaba cada dos horas empapado en sudor y enrollado en las sábanas. Más que una persona parecía un canalón de menta. Y los días no eran mucho mejor, me dolía la cabeza y no podía leer ni ver la televisión, así que me pasaba los días enteros escuchando la radio, entre siesta tonta y siesta tonta. Ciertamente no era vida y mucho menos era el tipo de despertarse al que me refería al principio.

Ochocientos mil días así. Esta es una frase que alguien que yo me se lleva de baja en casa. Puede levantarse a la hora que le apetezca pero no puede moverse. Le han recetado, si es que a eso le pueden llamar receta, reposo absoluto. La traducción más aproximada que he visto es la del Yo soy médico y tu no, así que te jodes. Guía para comprender a estos prohombres de la humanidad, y vendría a decir que puede ir de la cama al lavabo y con mucha delicadeza, hacer el viaje de vuelta. Imaginaros tiraros ochocientos mil días en cama, sin poder moverse. Condenada a que te lo hagan todo, te traigan la comida, te hagan masajes.... eps, esto no esta tan mal, no poder pasear, no poder ir al cine, no poder hacer casi nada. Su única compañía es la televisión e Internet y por las tardes, su marido que viene de trabajar. No se yo si aguantaría tanto tiempo, de hecho, yo estaría de un humor de perros y a la que me dijeran hola soltaría un Joputa sólo por desahogarme y por si acaso. Es que es muy fuerte, todo el día en casa sin poder hablar con nadie, ha de ser tremendo. El caso, es que tampoco esta situación entra en el ideal de levantarse cuando te da la gana.

Pero no desesperemos, quizás, algún día encontraré a alguien que pueda hacer este tipo de vida relajada y sin ningún impedimento físico y quizás, con un poco de suerte, algún día seré yo mismo.