Que malo es dormir poco
No lo vamos a negar, uno ya no tiene el cuerpo que tenía cuando en vez de usar la sabiduría y la cordura, mi únicas herramientas eran la pasión y la curiosidad. Ahora, o descanso mínimo siete horas al día realmente no sirvo para absolutamente nada. De hecho, estoy escribiendo esto con un punto de dolor de cabeza en el frontal izquierdo de mi cráneo que es claro anticipo de espidifen en vena.
Ayer vinieron de las tierras sajonas dos personas, y como somos así de educados, no sólo nos reunimos con ellos, sino que además los llevamos a cenar al Restaurante Barceloneta para que degustaran los placeres de esta tierra. Se conoce que uno de ellos ya había estado por estas tierras nuestras, versión canaria, y sabía diferenciar entre “placeres” y placeres. Como muestra es que optó más por jamón de jabugo antes que por las croquetas, y eso que se las intentamos colar como delicatessen del lugar.
El caso es que a parte de la cena, ayer fue un día curioso. Primero nos llegó Andrés, justo a la hora de comer y obviamente nos lo llevamos a comer los clásicos manjares de la ciudad, sushi. Se que el pescado crudo no es un plato típico de la cocina catalana, pero como por temas aeroportuarios llegó un pelín tarde y la reserva que teníamos en el Restaurante Ra se canceló. Así que optamos por ir cerca de la oficina y acabamos en Ikku. Durante la comida nos dedicamos a comentar temas de empresa, que piensas de esto, que te parece lo otro, te has dado cuenta de no se qué, todo ello en una especie de idioma imposible mezcla de mi inglés horripilante, su castellano intermediate y el ruido clásico de un restaurante pequeño. Fue entretenido y hasta curioso ver como nos intentábamos comunicar, parecíamos más un grupo de gente de Nueva York hablando spanglish: “Has see the nuevas features?”, “No, I didn’t pero looks que te shits”, fue algo entre patético y simpático. Pero no todo fue trabajo, como abueletes que parecemos, nos dedicamos a explicar nuestras batallitas y heridas de guerra. Que si yo estaba allí con el crack de las punto com, que si las redes sociales por aquí, que si maquetar emails por allá, que si moderación, que si animación… y con todo un poco fuimos perfilándonos mutuamente nuestras habilidades y competencias.
Acabados los postres, fantástico la mouse de té verde con chocolate blanco, nos volvimos para la oficina para intentar hacer trabajo de verdad. Así que me dediqué a explicarle como uso yo una herramienta que tenemos para e-mail marketing. Realmente, más que una herramienta, es un anestésico y relajante de primera, porque nada más pronunciar la palabra “emaivision” a todos nos entró una somnolencia bastante profunda. El caso, es que entre bostezo, gruñido y momentos de cerrar los párpados para descansar la vista, acabamos con lo que era esta herramienta del medievo. Como todavía faltaba uno más por llegar, intentamos hacer tiempo, pero el Andrés, entre las viandas y el emailvision estaba más en otro mundo que en este y se nos fue al hotel a mirarse las uñas de los pies en una posición horizontal.
Mientras uno se miraba la uñas, un servidor y el cascarrabias de al lado, nos quedamos en la oficina intentando adelantar trabajo, previendo que el día siguiente sería uno de esos donde te pides un café con leche y bocata de café para acompañar. Durante este tiempo, veíamos que el reloj persistía en ir avanzando segundo a segundo sin que apareciera el segundo sajón. Por lo visto, hay un complot mundial en las compañías aéreas para evitar que ningún avión llegue a su hora. Con lo que nos tocó seguir esperando. Hice tiempo hablando con la oficina de Londres intentando darles envidia del tiempo en Barcelona, pero ya sabéis como son estos ingleses, con tal de no dar su brazo a torcer son capaces de seguir usando libras en vez de pasarse a l euro. Total, que no les di mucha envidia, pero como mínimo pase un rato entretenido hablando con una italiana y una del país de los aztecas, ¿os había dicho que eran las oficinas de Londres, no? Porque ahora que lo pienso, en esas oficinas juraría que hay más gente de fuera de Inglaterra que súbditos de la reina madre. Quizás les ha dado la vena por adoptar lugareños de tierras remotas, para ver si son como ellos o algo así.
Al final, el último inglés llegó a la oficina, como no, con la blackberry pegada a la oreja solucionando problemas de última hora. Es lo que tiene ser top management, que siempre tienes una urgencia importante y a la vez importantísima, como de que lado se pone el papel de water o si cree que es mejor enviar un mail a los usuarios registados o solo a los usuarios registados enviarles mails. Si un día veis a una persona que en la mejilla tiene un teclado qwerty, no os riáis de el, seguro que es un directivo con blackberry y seguramente está estresado por problemas súper importantes y por adivinar con cuanto retraso llegará su vuelo. El caso es que al llegar este buen hombre lo tuvimos que enviar a la ducha, se le habían pegado la letra a y el enter a la mejilla y no quedaba serio, así que una de jabón, una de frotar y una de aclarar, y listo para ir a cenar.
Al final llegamos justos para la reserva que hicimos, y e hicimos más o menos igual que en el japonés, pero dado que ahora había uno de los que mandaban, nos dedicamos a hacer de plañideras quejándonos de lo mala que es la vida y del poco caso que nos hacen. Daba igual si teníamos razón o no, una vez tienes a tu jefe sentado delante de un plato de jabugo, creo que tienes derecho a hacerte el victimillas y el la obligación de fingir que te escucha. Entre quejas, virutas y perfilación de escenarios, se nos pasó la noche, tanto que nos pilló el día siguiente, así que pagamos y nos fuimos.
Yo llegué a casa sobre la 1, y aquí estoy, entre medio muerto, medio zombie, lo de medio idiota ya venía de antes así que no puedo culpar al día de ayer.
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Comentarios
No nos quejemos, que yo
No nos quejemos, que yo anoche comí una pizza congelada.
Dieta mediterránea
Así tiene tu marido el tipazo que tiene, todo fibra y músculo.
Saludos:
Tatxe