Marketing es contar una historia

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Esta es una de las frases más habituales en cualquier tratado de marketing que me leído, y me he repasado ya unos cuantos para ponerme al día de este rollo del marketing operativo, que no del estratégico que es el realmente divertido. Por muchas vueltas que le dé, yo historias no se contar, o eso creo yo. También es verdad que para decir que no se narrar, tengo blog casi desde el año 2000, así que también soy yo un poco idiota si digo que no se "contar" y estoy aquí dando la paliza desde hace casi diez años.

Con esta idea en mente, he hecho un ejercicio de introspección y me he analizado cuando estoy con mis hijos contándoles los cuentos clásicos. En este caso, una versión un poco ñoña de la Caperucita Roja. Por lo que he visto, contar no se si se contar, pero que imaginación tengo para rato.

De entrada, la caperucita roja es tonta y miope. No darse cuenta que el que lleva el camisón de su abuela es un lobo es para cagarse.

La madre de caperucita, por narices era de moral disipada o de apretones amorosos, porque no se le conoce marido. Debe ser por eso que vive alejada de todos, porque deben hablar mal de ella cosa fina.

El abuelo, murió del disgusto al saber que su hija estaba embarazada y no se conocía el padre, y su abuela todavía no le ha perdonado el desliz, pero aún así siente cariño por la niña, porque es tonta y miope (como ya he dicho)

El lobo, está más quemado que la pipa de un indio. Conoce las historias y la fama de la madre de caperucita y se la quiere beneficiar. Porque seamos honestos, si te quieres comer a alguien como mucho le tiras ketchup en la cabeza, no te vas a casa de su abuela, escondes a la abuela y te pones su camisón. O eres un lobo cachondo y salido, o no cuela eso de que tenía hambre.

El cazador, seguramente sería el maestro del lobo que conocía las aviesas inclinaciones del can o bien algún párroco local que todavía recordaba los intentos de linchamiento de la madre de la caperucita al quedarse embarazada, y quería evitar otra serie de desagradables disgustos.

Y más o menos, es así como cuento yo la historia a mis hijos, varia sustancialmente cada vez que la cuento, pero nunca se parece en nada al original y menos a la versión del día anterior.

Así que insisto, no se yo si se contar historias. Podría intentarlo con Viadeo y que fue fundado por dos emprendedores como utilidad para que los mismos emprendedores tuvieran más facilidad para sacar adelante sus proyectos. Pero es que me da mucho respeto como se me puede ir la pinza desarrollando la historia desde como se conocieron hasta el día de hoy, que es la segunda red profesional más grande del mundo. ¿Lo intento o mejor lo dejo estar?…. aix, tentaciones tengo, pero hipoteca pago que decía aquel.