Que sueñes con los angelitos
Cuando somos pequeños nuestros padres, o al menos los míos, me decían eso de "y que sueñes con los angelitos". Se supone que con esta frase nos querían transmitir tranquilidad y confianza, no creo que ellos realmente pensaran o querían que soñáramos con estos seres, mitad mitológicos mitad divinos. El caso, es que a veces, uno efectivamente ha soñado con estos seres, pero la experiencia no es lo que nuestros padres hubieran querido. Y sino mirar mi última experiencia.
De entrada, los angelitos van en parejas, como si fuera la guardia civil. Sólo les falta el tricornio e ir vestidos de verde para dar un toque cañi a la cosa. Y como os podéis pensar la primera frase que sale de sus bocas no es de aquellas que tranquilizan ni calman la conciencia, la primera frase es "los papeles". Tu, que estás medio dormido, o dormido o somnoliento o vete tu a saber en que estado de conciencia, inmediatamente flipas. No te puedes creer que una pareja de seres, que van medio en bolas tapados con túnicas y unas alas que harían las delicias de un detector de metales te suelten esto a bocajarro. No señor, tu estás ahí, con tu salivilla mojando la almohada y de repente ves llegar volando a estos seres, a veces son mujeres a veces hombre pero si son hombres fijo llevan bigote. Se ponen cerca tuyo, sacan un bloc de notas, un bolígrafo, ponen el pulgar en la parte posterior del boli, y pulsan para que se oiga el clásico click, que también acojona lo suyo y te preguntan mirándote a los ojos como si hubieras hecho algo malo: "los papeles".
Tu te quedas medio atontado, y a lo más que llegas es a decir "eing?", y con parsimonia ellos te repiten: "los papeles del alma, por favor". En este momento pones cara de susto y repites "¿los papeles del alma?". Es justo en este momento cuando las cosas pasan a mayores, uno de los ángeles te sacude en la cabeza con una regla de madera, y con esa voz de tu profesor de literatura de séptimo de EGB dice: "anda, tenemos aquí un listillo".
Claro, cuando un tío con bigote, voz de tu profe de literatura y vestido con cuatro hojas de parra te da en la cabeza con una regla, lo primero que haces es quejarte, que pegar a la gente en la cabeza no está nada bien y que viola las leyes de Ginebra. Pero claro estos seres celestiales son muy suyos, y te contestan, así, de corrido: "Mira, ni idea de quién esa Ginebra de la que me hablas, pero te aseguro que me la paso por el forro de las plumas." aquí hace una pausa dramática para soltarte algo un poco más espeluznante "y tienes suerte que EL nos confiscó la espada de fuego después de arrasar Sodoma y Gomorra, que sino te ibas a enterar, pringao, saca los papeles y no nos hagas perder más tiempo".
Aquí, exactamente aquí, en este preciso momento en el tiempo, es cuando me aconojoné de verdad. Medio dormido intento llegar a mi abrigo mientras oía un voz que decía "cuidadíto con lo que haces que te tengo la regla muy rápida". Congelado de frío por pasearme por casa buscando mi cartera y sin casi dignidad, les doy el DNI, que es el único documento que se me ocurrió que podría colar como "papeles". Me cogen el DNI con dos dedos, como si fuera un documento infectado, miran la foto del DNI, me miran a mi, vuelven a mirar la foto del DNI, me miran a mi otra vez, y por enésima vez sueltan ese comentario que te hace subir la morar "Chato, eres tan feo que da igual que mire, si la foto o tu cara, ambas dos son de concurso". El tipo mira su libreta, y tras unos largos segundos de silencio incómodo y mientras su pareja se dedica a rebuscar un poco de comida entre sus dientes con la regla, me dice: "Pues si, eres tu al quien buscábamos, tu has sido malo".
¿Qué?¿Cómo?, ¿que yo he sido malo?, yo no me puedo creer que esto esté pasando de verdad, de que narices me están acusando. Intento construir una frase minimamente inteligente y coherente, pero lo único que se oye es un ruidito agudo que se va apagando y que sonaba más o menos así "ñoooo, ñifrlas berldo". Reconozcámoslo, un patético argumento. Sobretodo cuando después de soltar tamaña tontería, el otro ángel dice "que te calles o te cruzo la cara, por los clavos del altísimo". Me vuelve a dar con la regla en la cabeza, pero esta vez con premio, tenía un trozo de bocadillo de atún en la punta que se me quedó pegado en la coronilla. No creo que haya estado nunca en una situación tan humillante, en gallumbos, de rodillas, con dos ángeles delante con aviesas intenciones, y un trozo de bocadillo de atún con mahonesa sacado de las fauces de uno de esos seres pegado en la coronilla.
El ángel de la la libreta empieza a enumerar la lista de cosas malas que he hecho, como si fuera la lista de los reyes godos.
- Leer el periódico por encima del hombro en el metro.
- No peinarse nunca, y lo que es peor, no peina a sus hijos.
- Copiar música de internet
- Le gustan los Beatles
Y así fue recitando mis pecados mortales… y con ese recuerdo me desperté. Desde entonces, tengo mucho cuidadito de soñar con ángeles, que tienen muy malas pulgas.
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Comentarios
Qué bueno!!
Esta historia es tan absurda que me troncho yo sola!!
Genial!
Salu2
Estress positivo
Esta es mi manera peculiar de generar estress positivo, se me va la cabeza imaginandome cosas muy, pero que muy raras :)
Saludos:
Tatxe