Cosas de los nuevos trabajos

Hoy me ha dado por pensar las cosas curiosas que te pasan cuando cambias de trabajo. Dejando a parte el tema de que has de pasar entrevistas mayormente estúpidas, el cambio de lugar de trabajo es como un proceso en si mismo.

Lo primero que te viene a la mente es que ya has dicho en tu trabajo que te vas. Estás la mar de contento y hasta las narices y te vas a cobrar más en un trabajo que es más estimulante. De entrada, aparece el listo de mierda y te pregunta eso de ¿ya has firmado?. Cagada. No has firmado nada, es todo de palabra. Empiezan a surgir nubarrones por tu mente pensado que puedan retirar la oferta o que fuera una broma e incluso que sea todo producto de una mala resaca. Joder, como ahora me digan que no, que fue un error me muero piensas para tí. Para acabarlo de arreglar, tu ya has enviado el mail que te vas, con lo que tu ya no tienes tampoco vuelta atrás, sobretodo al ver la cara de alegría del tío de RRHH que podrá fichar a un becario y pagarle una mierda para hacer tu trabajo.

Si esta angustia existencia no fuera poco, luego viene el tema de las inseguridades. ¿seré capaz?, ¿no será todo muy difcil?. Toda esta serie de preguntas te vienen a la cabeza sumado a una especie de morriña tonta por las gentes que son y dejarán de ser compañeros de trabajo. Cuantas risas juntos, cuantos cafés, cuantas rajadas de los jefes. Te acuerdas de los buenos tiempos y se suma esto a lo de la inseguridad y te empiezas a plantear si vale la pena. Porque para que engañarnos, la empresa será una psicótica ambulante, pero conocías el trabajo de carrerilla, tenías amigos y en el fondo (muy en el fondo) la cosa no estaba tan mal.

Al final, el tiempo pasa y llega la fiesta de despedida, las emociones se desbordan y te regalan cosas tan curiosas como penes de plástico o bolígrafos para que en la nueva empresa no te dediques a robarlos. Hay alcohol, exaltación de la amistad y preguntas de porqué ha venido Pelaez, el contable de la cuarta, si tu no lo conoces de nada.

Y si, al final llega el día esperado. La nueva empresa. Firmar contrato. Nuevos compañeros. Nuevos procedimientos. Nuevos jefes. Te preguntas si todo lo que te dijeron en la entrevista era verdad o una simple Demo de los de RRHH. Te van presentado a la gente, y después de una mini-gira de 15 minutos, todos han desaparecido y te ves sentado delante de tu PC sin poder acceder a nada porque los de informática van de culo y no han podido crear tu perfil.

Ves pasar las horas sin nada más que hacer que leer cuatro documentos de acogida de hace cuatro años. La gente habla entre ellos, se ríen, se van a comer y notas como si tu no existieras. Haces tu movimiento genial para ver si la gente se apunta a tomar un café, y todos se excusan. Te hueles la axila por si te ha dejado el desodorante y parece ser que no. El tiempo sigue pasando, te va poniendo cada vez más deprimido y te acuerdas de la antigua empresa, de que harán, que comentarán… cada vez cuesta más que el minutero avance. Te va a dar algo y decides levantarte y buscar la máquina de café para hacer algo.

Bingo. La máquina de café, aquí encuentras a gente y como no quiere la cosa empieza la conversación, primero por lo típico: ¿eres el nuevo? y luego se pasa a temas más prosaicos y más amenos de la empresa. Por fin, poco a poco te vas integrando en la empresa hasta que al cabo de tres o cuatro años, estés desintegrado e intentes retomar de nuevo todo este proceso.

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