Y así, sin quererlo, se han acabado las vacaciones y toca volver al trabajo. Han sido solamente nueve días laborables pero me he pasado la mitad del tiempo con la cabeza en otro sitio.
A veces, aunque se suponga que te has de relajar y desconectar, uno se queda como ausente y con cara de idiota. Intenta mantener cierta compostura, recomponerse, apretar los dientes e intentar ser de utilidad.
El mundo no siempre mantiene sus constantes ni tampoco su predictibilidad y hay que saber recomponer tu sistema de creencias y de valores que das por seguros. Y recomponer no significa renunciar, sino aprender luchar para que siga todo funcionando como debería. Y sobretodo no rendirse nunca, porque como dijo Cela “quien resiste gana”.
Y uno no se coloca en esta situación por gusto, muchas veces ni por uno mismo, simplemente hay momentos que tu eres una pieza más que ayuda a ordenar un desaguisado que afecta a otros. Y hay que estar ahi, empujando con todos para que estos días queden como recuerdo de que con fe, voluntad, paciencia y el apoyo de todos no hay dificultad insalvable.
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