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Buen camino

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Colaboraciones

Camino, Ruta, Viaje

Miércoles, 6 Septiembre 2017

Ahora que Pitufollow se ha lanzado a hacer el Camino De Santiago, me veo con fuerzas de hacer un flashback y recordar mi propia experiencia al recorrer esos doscientos cincuenta kilómetros que me metí entre pecho y espalda. Si, Sergio sale desde Roncesvalles pero yo no soy él y opté por algo más sencillo y empecé mi peregrinaje desde Astorga, a doscientos cincuenta kilómetros de Santiago.

Hacer el camino andando era algo que me rondaba la cabeza y un verano de hace casi diez años surgió la oportunidad de hacerlo con mi pareja y con su hermano. Como sabíamos que era un trayecto largo y por trabajo era imposible hacerlo completo optamos por usar diez días de las vacaciones y calculamos una media de veinticinco kilómetros, que era un ritmo bastante aceptable. Con este cálculo quedaba claro que teníamos que salir desde Astorga. Antes de lanzarnos practicamos recorridos de treinta kilómetros durante dos meses cada fin de semana para poner a punto las piernas y desentumecer un poco los huesos, y cuando llegó el día pensábamos que sería coser y cantar.

Lo primero que me llamó la atención es la cantidad de gente que hay haciendo el camino, y no solo la gente sino la diversidad de perfiles sociales y nacionalidades, era como ir de campamento con la ONU. Otro detalle con el que no contabas es que se madruga, te guste o no, la mayoría de personas empezaban a caminar sobre las cinco de la mañana. Uno que tiene cuerpo botijo y le gusta más dormir que los caramelos no estaba mentalmente preparado para tanto madrugar, pero si pones a trescientas personas a despertarse antes de que canten las gallinas, es inevitable que te vas a acabar levantando, vistiéndote y poniéndote en marcha como si fueras un Caminante Blanco de Juego de Tronos.

La primera y segunda etapa fueron relativamente sencillas, más allá de los cambios de horarios. Teníamos energía y dábamos cuenta de los kilómetros según el plan acordado, el cuerpo nos respetaba. Los problemas, o digamos mejor, las pruebas a las que te somete el camino llegaron en la tercera jornada. La primera de todas fue la falta de fuerzas, no podíamos andar, nos faltaba energía por todos los lados.

Por suerte, una de las ventajas del camino es que conoces gente y nos recomendaron que antes de empezar a andar nos pusiéramos ciegos a frutos secos, hidratos de carbono y azúcares para tener y acumular energía suficiente como para aguantar, Si en aquella época hubiera conocido las barritas energéticas se habrían salvado muchas avellanas. También insistían en que tomáramos proteínas al acabar la etapa para recuperar músculo, así que me comía unos bocadillos de lomo que quitaban el hipo, pero ahora hubiera apostado por soluciones diseñadas para estos temas como el Flash Recovery o las barritas proteicas.

Una vez empezamos a alimentarnos en función de lo que necesitaba nuestro cuerpo las cosas mejoraron. Uno de los que hacía el camino con nosotros es bioquímico y calculó que gastábamos unas siete mil calorías al día, con lo que nuestra rutina de café con leche, una pechuga para comer y una ensalada para cenar era una fórmula destinada al fracaso, con lo que empezamos a comer más y mejor, e incluso mojábamos pan en la salsa.

Otro problema con el que te enfrentas es tu mismo. Si, no son lesiones ni hambre ni nada, es pelear contigo para seguir adelante. El camino castiga a cada uno en el momento que es más débil. A mi me tocó en la subida a O Cebreiro, otros en Sarria, pero cada uno de nosotros pagó ese peaje mental. El buscar dentro de uno las fuerzas y la motivación para seguir caminando aunque tu cabeza no hace más que gritarte que abandones, que cojas un taxi hasta el siguiente pueblo y volverte para casa. Tengo dudas si fue nuestra voluntad férrea que doblego las dudas y miedos o el hecho de que como nadie abandonaba tu no querías ser el primero, apretabas los dientes y seguías esforzándote por dar el siguiente paso.

Es curioso que para ser un camino que se suele hacer en grupo, la mayor parte del trayecto se hace solo, enfrascado en tus propios pensamientos pero de nuevo, el apoyo del grupo es fundamental para superar etapas.

El siguiente problema, y que seguramente era inevitable, eran las molestias físicas: ampollas, sobrecargas, lo que tu quieras. Una chica que hacía el camino con nosotros le salió una ampolla en la espalda que dolía nada más verla, pero aguantó como pudo de centro médico en centro médico y acabó el camino. Otros tenían los pies que era para ponerlos entre algodones. Yo me libré de las ampollas pero mis años de jugar a baloncesto se cebaron en mis tobillos y rodillas, con lo que me tocó hacer las cuatro últimas etapas vendado como si fuera a jugar un partido.

En esta fase de los dolores, recuerdo con claridad una vez que acabamos una etapa y nos quitamos las barbas y calcetines y nos metimos en un río con la mochila a cuestas. De verdad que he sentido pocos placeres tan grandes como ese momento de tener los tobillos a punto de explotar y meterlos en el agua helada. Pasaron más de diez minutos antes de que me diera cuenta que sería más práctico dejar la mochila en la orilla.

También he decir que en esos momentos dónde te duele hasta el pestañear, que la industria farmacéutica es de una ayuda inestimable, sobretodo el ibuprofeno en crema. En el camino pasaba de mano en mano como si fuera droga de contrabando. Quién no tenía la rodilla era el cuello y quién no cualquier otra articulación, realmente eran pocos los que llegaban al final sin tener alguna parte del cuerpo castigada.

Y ahora que lo releo todo, recuerdo lo duro que fue, pero no puedo evitar pensar que volvería hacerlo de nuevo con los ojos cerrados. Es una de las mejores experiencias que he tenido, no se decir si esto era deporte, pero te enseña mucho de ti mismo y como ya he dicho, quemas cuatro mil calorías al día-

Publicado en Push Bars

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.

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