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No solo de emails vive el hombre

Decía McLuhan que el medio es el mensaje. Esta afirmación queda muy bien pero realmente no solemos tener ni la más remota idea de lo que significa y todos vamos teorizando sobre la importancia de la frase de marras y de lo importante que es para definir la percepción del mundo, porque como ya dijo Wittgenstein, el límite de mi mundo es el límite de mi lenguaje y como todo medio está basado en un conjunto de mensajes sujetos a unas normas lingüísticas, es lógico aceptar que este nos define el contexto sino también el contenido.

A riesgo de convertirme en un personaje de Woody Allen en Manhattan creo que el medio marca unas pautas al mensaje de las cual no puede salir. Quizás por esta razón tenemos distintos canales a través de los que nos podemos comunicar, de forma oral, mediante libros, revistas, radio, televisión, hay casi tantas opciones como preferencias personales.

Lo interesante de todo es que estas relaciones no son estáticas sino que evolucionan con el tiempo, no se comporta el mensaje del mismo modo ahora que hace diez años, y por lo tanto, el contenido que se transmite tampoco es idéntico ni busca la misma funcionalidad.

Hace veinte años recibir un email era algo extraordinario, lo leías y releías y lo guardabas como un tesoro, las llamadas telefónicas al móvil también tenían comportamiento parecidos, sobretodo si el que te llamaba lo hacía desde otro de estos pequeños -no tan pequeños en aquellos años- cachivaches. Pensabas que se había guardado tu número, que no estaría ni en casa ni en la oficina, y a pesar de eso, era tan importante estar en contacto contigo que ha necesitado llamarte.

Esta magia de estos canales se ha ido perdiendo paulatinamente, ya no recibo llamadas interesantes en el móvil, los únicos que me llaman son operadoras de telemarketing para insistir que me cambie de compañia de gas, agua, electricidad, telefonía o que me compre un seguro, o cualquier tema relacionado con gastarme un dinero que no tengo en un producto que no necesito y que ciertamente no voy a usar.

Con el correo electrónico ya ni os explico, recibo tantos mensajes -más de doscientos al día- y sólo os digo la cifra de los que son realmente relacionados con trabajo, que ya no siento aquella alegría sino que ahora los filtro en menos de tres segundos entre: he de responder y lo guardo, he de estar informado y ya lo leeré después y los que me ponen en copia por si algo falla para que no tenga excusa y lo borro. El resto, los mensajes de publicidad, spam y similares, los que han conseguido sobrevivir al filtro de gmail y al que tengo yo instalado, van directamente a la papelera en menos de tres segundos. Y los primeros que borro son los que empiezan con un número o con un signo de interrogación al estilo 10 estrategias para… o ¿Quieres mejorar tu… estos mueren de un golpe certero en la nuca con la tecla suprimir.

Reconozco que desde un punto de vista de marketing los correos electrónicos tiene su interés, puedes ver quién lo abre, con que cliente lo abre, si hace click, sino pulsa en el enlace que has puesto con letras parpadeantes de dos metros de alto y sobretodo, volver a enviarle el mensaje por si algún casual hubiera borrado el mensaje por error -y ya te aseguro yo que no ha sido un error.

Pero todas estas ventajas son para el que envía el mensaje, tiene más información, el coste por email es relativamente bajo sino nos podemos quisquillosos para comprobar la calidad de los mismos y siempre queda bien la frase acción de email marketing con cien mil leads potenciales.

Quizás ya es que peine canas y he entrado en ese momento de mi vida en el que si alguien quiere mi atención como mínimo que se esfuerce un poco y que no intente colarse en mi vida por un mísero 0,05€ el mail. Es por eso que cada vez me gusta más el recibir cartas.

No niego que hace últimamente sólo me llegan facturas, pero de tanto en cuanto aparece una carta comercial, un tríptico y en vez de borrarlo sin piedad, lo abro, lo ojeo, lo miro, pienso que al menos alguien lo ha diseñado, se ha gastado el dinero en una imprenta, ha venido hasta mi buzón y lo ha puesto para que yo lo lea. Quizás no tenga un sistema de tracking, que no pueda hacer un test A/B, pero como tengo la sensación de que se ha esforzado más que el que me envía un correo y espera que un programa le de los resultados.

Estas cartas, suben conmigo a mi casa y cuando me siento en el sofá para recuperar el aliento -ya tengo una edad- aprovecho para leerlas, ver que me dicen aunque ya se que son mensajes comerciales, pero como ya he dicho, les he cogido cariño. Quizás algunas van a las basuras pero otras tantas sobreviven y están en mi mesa de cartas a revisar o en la nevera pegados con el imán cenicero que hicieron mis hijos.

Pero como en esta vida nunca te acostarás sin ponerte en posición horizontal, también es cierto que hay personas que ven oportunidades dónde tu solo eres capaz de ver una bruma. Una amiga que ya está trabajando en su fichaje por la liga de los santos me comentó después de escuchar una de mis clásicas quejas sobre el correo electrónico que conocía una empresa que intentaba darle una vuelta al modelo.

Su eslogan es buzoneo con Geobuzón y aunque suene un poco extraño, se dedican a enviar cartas a las personas. Si cartas de papel con letras escritas, aunque asumo que también enviarán dípticos, trípticos y cualquier tipo de formato que quepa en un buzón. Su estrategia es curiosa, en vez de comprar una base de datos, directamente hacen la segmentación en el mundo real. En función de que necesitan tienen la información necesaria para segmentar la ciudad y decidir que barrios o calles son los más adecuados para que sean receptivos al producto que quieres promocionar.

No se como les ha de funcionar, pero sin duda, esta sería una de las cartas que me gustaría recibir para estudiarlos a fondo.

You've Got Mail

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.

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