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Las causas justas

Fantástico, has conseguido acabar la carrera de derecho, luego hiciste el curso de acceso a la abogacía y lo has aprobado. Atrás quedan las horas de estudio, las clases, las prácticas, los exámenes, todo eso ya es parte de tu pasado que va a dar forma a tu presente porque ahora eres abogado, ahora puedes defender la justicia, la ley y todos esos conceptos que te llevaron a escoger esta profesión sobre el resto de posibilidades.

Ahora estás en el mundo real, estás en un despacho y vas a tener clientes de todo tipo y pelaje, los buenos, los menos buenos, los malos y los listos. Todos tienen una historia detrás, y sobretodo, un problema y es tu trabajo poner lo mejor de ti para usar los recursos del estado de derecho para defenderlos. Es posible que tengas dudas, incluso que sospeches que tu cliente es culpable, que no te ves capaz de defenderlo por razones morales o éticas, pero como ya debes saber, a todos les asiste el derecho de ser defendido por un abogado, y en ese caso te ha tocado a ti.

Quizás te suene la historia del abogado del diablo, un perfil que creó la iglesia católica para poner un poco de orden en todo el frenesí místico de canonizar todo lo que cayera en manos de la curia. Su trabajo era buscar las pruebas, los argumentos si lo quieres llamar así, para evitar que no hubieran más santos que días, que todo aquel que fuera santificado realmente fuera un santo y no un farsante o un producto de la imaginación colectiva.

Tu trabajo tiene paralelismos claros, por muy dudosa que sea la reputación de tu cliente, tu obligación será defenderlo de con lo mejor de tus habilidades para que tenga un juicio justo y no caiga bajo el peso de la presión mediática, o peor todavía, que lo condenen con pruebas endebles porque tú no has hecho tu trabajo.

Todos soñamos con causas justas, con ser los paladines de la verdad, la pulcritud y el respeto a la ley y te aseguro que tendrás ocasión de vivir esta experiencia, pero tu no sabes quién va cruzar el umbral de tu puerta pidiendo tus consejos. Has de estar preparado para defender a los que te reclaman tus servicios, has de tener la cabeza clara para separar lo que es la ley de lo que es la ética -aunque muchos piensen que van unidas- y poner al servicio de tu cliente esos largos años estudiando derecho romano, derecho comparado y otras tantas asignaturas.

Lo que si puedes exigir y es fácil es ser un abogado honesto, dar todo lo que sabes para defender a tu cliente, ser el mejor profesional posible, formarte y estar al día de los cambios legislativos que te afectan, no inflar precios porque el cliente puede pagarlos, saber decir que no a temas que no dominas y saber decir que si y defender en los que eres experto, de saber escuchar, de ser capaz de ofrecer consejos útiles y reales y no sólo sobre argumentar para decir algo que se puede decir en una sola frase. En resumen, la calidad, el nivel profesional y ético no lo van a definir tus clientes, sino tu como persona a la hora de gestionar tu carrera profesional.

Pero en el fondo, yo no puedo decir nada de esto, porqué yo no soy abogado pero si estoy rodeado de ellos y he empezado a entender como funcionan su mente, como funciona el sistema legal, y en resumen, que por muy divertidos que sean los tópicos sobre los abogados, no dejan de ser una generalización que no siempre acierta a definir la realidad de cientos de miles de profesionales.

Película[1]

[1] Civil Action

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.