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Cancioncillas deprimentes

Hace ya muchos años, cuando los walkman poblaban la tierra, me recuerdo a mi mismo en la casa de vacaciones de mis padres. Estaba andando por un camino de tierra camino al tren y en los auriculares sonaba Take the long way home. Volvía de uno de esos fines de semana de cuando uno tiene quince años y no acaba de entender muchas cosas. Si se supone que es la época en las que a uno se dedica a descubrir las primeras cosas, el primer amor, el primer desengaño. Francamente, no se si por buena suerte o por mala suerte, no descubrí nada de eso. De hecho creo que fue la época que me marco para estudiar lo que acabé estudiando ya que no entendía nada de lo que le estaba pasando a mis amigos. Es decir, que si, que vale, que la chica es muy mona ¿pero te has de poner así?

Recuerdo que ese fin de semana fue lo más parecido a una subasta de emociones. A la que uno afirmaba cualquier barbaridad, aparecía otro acto seguido que la soltaba más grande. Si es que es la cosmología del romanticismo ha hecho mucho daño. Lo bueno del caso, es que dada mi incapacidad de seguir el ritmo hormonal y de desconexión neuronal de mis amigos, me tocó seguir la senda del raciocinio para intentar encontrar algunos patrones que hicieran más o menos aceptable aquel desfase emotivo. La verdad es que no es que triunfara mucho, pero el background que me dio realmente sirvió para llegar a una conclusión triste pero real, no hay nada menos racional que el ser humano.

Inevitablemente estamos a destinos a fracasar cuando nos enfrentamos con nuestro peor enemigo, nosotros mismos. Nos montamos historia, las reforzamos con teorías que salen de más profunda irracionalidad y las cubrimos de hard facts que no tienen nada que ver con la teoría que intentan sustentar. Y a pesar de ello seguimos adelante, la mayoría de la gente tropieza y se vuelve a levantar. Esos pequeños fracasos, que siempre nos parecen como la caída más aparatosa y de la cual nunca nos recuperemos, al final conseguimos hacerlo y continuar con nuestras vidas. Es lo fascinante del ser humano, lo irracional que es. Juramos y perjuramos para volver a caer, para volvernos a levantar. En un ciclo sin fin del cual y con suerte, podemos extraer experiencias que nos forjarán como mejor persona y más preparada.

Creo que esta era la sensación que me llevo a una especie de angustia existencial mientras volvía a mi rutina diaria de estudiante. Y no voy a negarlo, esta cancioncilla no ayudaba mucho a estar con mejor ánimo. Es lo que tiene la música, a veces no estás pendiente de lo que suena, pero sin querer te va metiendo en un estado de ánimo que no es que sea lo idea.

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Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.