Usted está aquí

Dios, porque nos liamos de esta manera

Llegó el día: Sábado. Había quedado con Camel a las 10 de la mañana para empezar el fregao. Este señor, por llamarlo de alguna manera, es un señor de los pies a la cabeza y que afirma sin rubor que lo importante no es llegar primero sino saber llegar. Es por eso que a las 10 me llamó desde su casa diciendo que ahora llegaba, y llegando, llegando, apareció sobre las 11. Una hora menos para cocinar, así mola, cocinando con presión.

Aprovechando el tiempo extra que me dio este interfecto, me llevé el portátil a la cocina con la intención de ir apuntando las recetas y buscar información sobre algún plato que no teníamos ni idea de como se hacía, pero que era necesario tener medidas exactas.

Nada más llegar Dani, me saluda, saluda a mi señora. Mira el portátil, me mira a mi y sonríe, no hace falta que diga nada, ya nos conocemos demasiado como para no saber lo que estaba pensando. Obviando su no-comentario, nos pusimos en harina a decidir como nos lo montábamos. Lo primero, y más importante, es conocer el orden por el cual cocinaríamos. Miramos así por encima las burradas que queríamos hacer y pensamos que lo mejor era meterse con la crema inglesa, la leche frita y el sofrito de tomate. Dicho y hecho, no tenemos ni idea de como se hace la leche frita.

Buscamos por internet recetas, y nos quedamos de piedra. Tanto por las webs que encontramos (Cocina para hombres y Mujer de Élite). Ambos dos dominios dan un juego a la imaginación que no veas. Pero volviendo al turrón, las dos recetas tenían fórmulas distintas y recetas distintas, así que hicimos de Rey Salomón y optamos por la mezcla que nos salió de los turmix. Empezamos a pesar azúcares, harinas y demás historias y a la perola. Mientras Camel se entretenía con que la leche no se pegara demasiado, a mi me tocó la crema inglesa.

Mientras los dos movíamos como locos los brazos nos acordamos de una frase de esas que se nos quedó grabada a fuego en las clases que hicimos en la Escola de Cuina Montserrat Seguí: Mezclar texturas, mezclar temperaturas. Y si la memoria no me falla, nos pusimos a hacer un medio rap que quedó interrumpido por la petición de una damisela en apuros: "Tatxeeeee, me cambias el agua del mocho". Era una misión difícil, porque los dos estábamos con las manos ocupadas, pero Camel, que es un caballero, dejó que se medio cuajara la leche con sus grumitos de harina por el bien de una damisela y de un piso decente.

Sobre estos momentos, o quizás más tarde, llegaron parte de los invitados: Grey y señora. Que a parte de tener hambre, tienen señoría y nos trajeron un par de botellas de vino de primera y como sorpresa, las mejores empanadillas al oeste del rio Pecos. Hay que decir que la parienta del señor este, es la que mejor hace las tortillas de patatas (con cebolla, como mandan los cánones) y las empanadillas más exquisitas que uno jamás haya probado. Dicho esto, se entiende que cogiera las empanadillas y me negara en redondo a gastarla en esta cena, no vaya a ser que la gente compare y quedáramos en ridículo.

Mi santa y la santa de Grey se fueron al comedor a hablar de cosas de señoras, y Grey se metió en la cocina con nosotros. No se si para refugiarse o para ver como se hace el guarro si saber bien como.

Como Grey estaba por ahí, y como ponía cara de interés, Camel le encasqueto el tema de darle la manivela de hacer pasta. Así que por huir de un sitio acabó haciendo pasta en otro. Yo, por mi parte, me dedique a hacer un coulis con el tomate y añadirle el agar-agar para que gelatinizara. En todo caso, ya habíamos prácticamente acabado y lo que quedaba era todo preparación de último minuto. Como tres tíos en una cocina sin hacer nada es sospechoso, nos pusimos a hacer la espuma del melón, que siempre queda simpático y así hacíamos tiempo.

Después de hacer la espuma y dar a probar a todos, volvimos a la cocina y nos dedicamos a beber vino, que queda muy macho, sobretodo si llevas delantal. Matamos el rato hablando de trabajo (los tres estamos relacionados con los ordenadores).

Y charlando, charlando, llegó la hora de empezar a montarlo todo. Y es aquí cuando toca improvisar. La idea era servir primero el mango, raviolis, atún y leche frita. Pero por esas cosas que pasan, y que luego la santa de Grey se encargó de remetar con un "ya lo sabía yo que pasaría esto", la pasta se secó demasiado.

ZAFARRANCHOOOOOO. Camel intentó como loco volver dar textura y humedad a la pasta, pero no lo consiguió, así que tiramos por el plan B. Había sobrado pasta de la masa que había hecho, así que al microhondas con ella para descongelarla y hacer la pasta con esto. Como esto no nos daría tiempo, primero serviríamos el mango y el atún. Voy a ver la espuma y la muy cabrona había bajado, con lo que nos tocaba volver a levantarla. Para esto hace falta papel glad y el muy jodido se había acabado, con lo que nos tocó reciclar (no acepto preguntas). Levantamos de nuevo el aire de melón y lo colocamos todo. Servimos corriendo y cuando nos sentamos los tres cocineros en la mesa, el resto de gente se va.

Pero será posible, nos tiramos un huevo en la cocina y sólo sacando el primero plato conseguimos que todo el mundo se levante y desaparezca con excusas peregrinas. El final vuelven todos, y mientras ellos empezaban el plato (nosotros ya nos lo habíamos jamado), nos vamos a la cocina para hacer el segundo: atún. Mientras yo marcaba el atún para luego poder bañarlo en el azúcar, Camel montaba las endivias con la olivada. Cunado lo teníamos todo colocado, hacemos el caramelo. Aquí es importante destacar que usamos endivias porque son amaras y contrarrestar el sabor dulce del azúcar. En todo caso, a Camel se le empieza a quemar el azúcar, así que nos toca correr a todos, yo bañando el atún, Grey pasándome los platos y Camel mirandonos con cara de "te juro que no se que ha pasado, hace 5 segundos estaba bien". Con todas estas prisas conseguí dos cosas, meter un pulgar entero en el caramelo, lo cual me hizo una gracia de narices, y dos, tener hilos de azúcar desde la posición sartenovksy hasta la posición platovsky (yo pensaba para mis adentros que ese angelito que tengo por novia me querría matar y con razón).

Con cara de velocidad, sacamos los platos y nos pusimos todos a comer el segundo convertido en primero. No estaba malo, la pega es que el azúcar se había quemado y amargaba, y como el acompañamiento era endivias, la cosa quedaba de lo más divertido. Una vez finiquitado, volvimos a la cocina para preparar el postre y la pasta.

Camel y Grey se pusieron a hacer la pasta con el relleno de tomate y yo le di al tema de la leche frita. Como trabajamos como profesionales, yo ni me enteré de sus cosas así que cuento la historia de la leche. En teoría ha de quedar como una masa más o menos sólida, pero como usé harina en vez de maizena, la cosa estaba con una textura blandi blub. Total, que conseguí rebozar seis piezas y freírlas, pero las otras dos que me salieron de más se me rompieron en la sartén montando un cisco que no veas. A parte, la crema inglesa tenía grumos, no había conseguido hacerla perfecta.

Con esta visión, montamos los platos y fuimos a la mesa con los raviolis. La primera frase fue: "Nos gusta la salsa", genial, la gracia era el ravioli pero lo que gustaba era la salsa. Al final, se atrevieron a probar la pasta y también les gustó. Acabamos este plato y ya relajados montamos la leche frita, confiando que este plato también sacara un 5.5. Como todos tenemos una frase simpática que soltar, alguien dijo.. "¿Pollo de postre?", a la gente le hizo gracia, vamos, unas risas de la leche. Menos mal que luego le gustó o disimuló, no lo tengo claro.

El caso es que nos lo acabamos todo y no quedó nada ni para el tupper del día siguiente. Y aquí estamos, si os hace gracia pongo las recetas y las conclusiones que he hemos sacado para no cagarla en algunos puntos como lo hemos hecho nosotros.

Y sin más que agradecer a todos los que vinieron, hasta la siguiente.

Su voto: Ninguno (1 voto)
Lecturas: 238
Lecturas hoy: 0
Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.