Usted está aquí

Hoy toca cenar sano, patatas al horno

Reconozco que los lípidos me pierden, ese sabor, esa textura deslizándose por mi gaznate, ese crujiente irremplazable del bacon sonando en mi boca es una sensación, que sólo recordarla, ya me hace cocinarme en mis propios jugos. Que grande, que sabrosa y que maltratada está siendo las grasas cárnicas por este neohippismo, milenarismo y demás faunas que no se contenta sólo con señalarnos con un dedo acusador, que además quieren castigarnos, hacernos pagar en nuestras carnes sus propias miserias gustativas. Seamos serios, ¿me va a used a comparar un solomillo al roquefort con un tofu a la plancha?, ¿Unos buenos pies de cerdo con salsa de morcilla con una ensalada de brotes y una mierda de cebolla crujiente por encima? No, y mil veces no, la grasa es buena, la grasa nos cubre, y además nos protege del frío amén de proporcionar un solaz colchón para los que tenga pareja, pongan su cabeza en ella.

Pero reconozco que me he pasado, últimamente no hago más que atiborrarme a estos alimentos e incluso, lamo el papel en el que vienen envueltos. Me he vuelto un adicto y tengo que mantener esta ansia, este hambre, este vivir sin vivir en mi bajo unos parámetros aceptables. No es normal que para picar todos coman unas pipas y yo me coma una butifarra cruda mojándola en mahonesa. Es la hora de dar un paso adelante y recuperar mi vida, porque mi línea esta perdida, estoy tan gordo que las migas que se me caen a la hora de comer, en vez de ir a parar al suelo, se dedican a orbitar alrededor de mi cintura.

Así que hoy, y sirviendo de precedente, voy a cenar algo sano: patatas.

Ingredientes

  • 7 Patatas
  • 3 Cebollas
  • Caldo de carne (una pequeña concesión)
  • 5 Ajos
  • 1 Cerveza
  • 5 Cucharadas soperas de soja Soja
  • 2 Cucharada de Ketchup
  • 1 Cucharada de Mostaza, de la buena, no me seáis gitanos y uséis esa cutre de los frankfurts
  • 2 Cucharadas de café de miel
  • 1 Cucharada de café de Tabasco

Preparamos el horno y lo calentamos a ciento ochenta grados con ventilador y calor arriba. Mientras llega a esa temperatura mágica, untamos de aceite la bandeja del horno.

Cortamos las cebollas en juliana y la extendemos encima de la bandeja del horno. Ahora vamos a por las patatas, como es algo pesado de hacer, nos sentamos procedemos a la extracción de la piel a base de cuchillo o de pelador -si eres de los modernos. Una vez peladas, las limpiamos porque seré un gordo pero soy muy limpio, las cortamos en láminas de casi un centímetro.

Ahora veis que nos quedan cinco ajos ahí muertos de risa, pues rápido, como si fuera una mosca, darles un manotazo a ver si los conseguís aplastar. Una vez aplastados a base de collejas preventivas, los ponéis con la piel y todo en la bandeja del horno.

Con los ingredientes que quedan, lo metes todo en un bol y lo mezclas, para que tenga la misma textura y color y no quede como algo guarro y asqueroso, porque esa es la pinta que verás nada más empieces a meter todas esas cochinadas juntas.

Coges la la cerveza y te bebes, y si te has quedado sin porque aparte de ser un tío orondo eres un alcohólico, buscas otra y pones la mitad en la bandeja.

Y justo en este momento te has de acordar de un blog de cocina que es referente en medio mundo occidental, Cocina pero sin pausa, y siguiendo sus consejos te das cuenta que la vida son cuatro días y que no vale la pena torturase a base de meterse verduras en la boca. Sacas ese costillar de cerdo que tienes en la nevera y que curiosamente no te habías percatado que estaba por allí procrastrinando y creciendo sin mesura -el mío pesaba casi setecientos gramos- y después de sazonarlo sin pasarse lo pones en la bandeja con la parte de los huesos hacia arriba.

Coges un pincel y lo empapas con parte de la mezcla guarra que has hecho y lo metes media hora en el horno. Pasada media hora, le das la vuelta a las costillas y lo vuelves a pintar y al horno otra vez. Y a partir de aquí, cada cuarto de hora y durante una hora, has de acordarte de pintar las costillas con la guarrindongada y fijarte que no se queden secas las patatas. Si falta líquido ponle más cerveza, no me seas cafre y te la bebas toda tú.

Y de esta manera, prepare la cena. No se será sano, pero buena estaba.

Su voto: Ninguno (1 voto)
Lecturas: 301
Lecturas hoy: 0
Imagen de Jose 	Salgado

Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.