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La sopa es fundamental, incluso en verano

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El 14

Creativo, Sopa, Escribir

Martes 07/05/13

En este post no voy a hablar de tecnología, voy a dejar simplemente que mis dedos vayan tecleando sobre una idea que tengo en la cabeza, y que os aseguro que no tiene nada que ver con Internet, ni con el Social Media ni con nada, hoy se trata de dejar que mi memoria ocupe mi conciencia y guíe el proceso de mis dedos

Un invierno de hace casi veintitrés años, en lo que llamábamos por aquel entonces la Sala del Frío y dónde pasabamos las tardes jugando a rol, vinieron un par de amigos de un amigo. Los conocíamos a todos porque hicieron BUP con nosotros, pero parecía ser que le daban a esto del rol, así que nos repartimos los personajes y se hicieron una partida con nosotros. Resultado de la tarde, uno de los recién llegados consiguió que le mataran. No habría problema sino fuera que era con el personaje con el que jugaba yo regularmente y que le había cedido en gesto de buena voluntad.

Verano de mil novecientos noventa y uno. Había quedado con un individuo para comer, de hecho habíamos creado la rutina de comer un sábado en su casa, y el domingo en la mía, aprovechando que nuestros padres se marchaban al apartamento, como se decía entonces. Llegué a su casa sudando y armado con una Coca-Cola de dos litros (era la tradición), y mi sorpresa fue que el menú que había preparado consistía en sopa. Ante mi cara de asombro su respuesta se ha convertido en un clásico de mi repertorio de frases aturdidoras: La sopa es fundamental, sobretodo en verano.

Con este mismo individuo empezamos a adentrarnos en los procelosos mundos de la gastronomía, no sabíamos mucho, pero éramos jóvenes y nuestros estómagos lo aguantaban casi todo. Las primeras pruebas fueron de lo más desolador, paella crujiente (el arroz no se cocinó del todo y parecía alpiste más que otra cosa), empanadillas a las dos temperaturas (quemadas por fuera y congeladas por dentro) o mi estrepitoso fracaso de crudite de tortilla de patatas (se conoce que no cociné adecuadamente el tubérculo de marras).

No solo compartíamos la afición por la gastronomía, sino que de vez en cuando nos daba por hacer versiones musicales, como la legendaria Baby don’t you cry ta Noche, o la extraordinaria uno, dos tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce y treeeece. Como de versiones no vive solo el hombre, también compusimos una canción a la limón con el Sobrino del Diablo, Puntos de vida. Por suerte, solamente tres personas han tenido la mala suerte de escucharla y el mundo se ha librado de una tortura innecesaria.

Otra de las aficiones comunes era la literatura, coincidíamos en los gustos sobre ciencia-ficción, novela de terror, y aunque ahora nuestros gustos se han ampliado y no se solapan como antes, la base sigue ahí. De hecho, también nos propusimos ser escritores e intentamos hacer un libro con fuertes enlaces con la gastronomía. Pero a diferencia de la canción, el libro nunca llego a ver la luz. Más que nada porque las temáticas eran muy absurdas, el mío era una revisión de Marco donde un grano de trigo busca a su mamá que se había convertido en un tortellini, y él optó por un enfoque más novela negra, donde un ingrediente aparece muerto y se narra la investigación de como pudo ocurrir.

Como en todo grupo de amigos, hace ya otros tantos años, nos tocó sufrir una crisis y en medio de discusiones sobre si hacemos, dejamos de hacer o lo que fuera que nos estuviéramos diciendo en aquel momento, el va y suelta: hay dos tipos de personas en el mundo, las que hacen reír y las que no, y tu eres de las segundas.

Tengo anécdotas sobre este personaje para llenar un libro, porque además de todo lo que he contado, compartimos piso durante un año, pero lo que me ha llevado hasta aquí es que muy poca gente puedesaber como es realmente. Os voy a poner su perfil en Linkedin para que os deis cuenta de que la persona de la que os hablo es mucho más compleja de lo que aparece, y con más cualidades y virtudes (y defectos, que los tiene).

Sobre todo lo que os he contado, también atesora una habilidad que curiosamente comparte con mi mujer, escribe muy bien, pero realmente bien. Desde hace ya tiempo que le doy la paliza (literalmente) para que escriba, para que abra un blog o lo que sea y escriba, pero ya sabéis como funciona esto, los que tienen talento no siempre lo usan, y los desustanciados como yo no paran de acumular letras con la lejana idea de llegar su nivel o el de mi mujer. Afortunadamente uno de los dos se ha lanzado a escribir, no es literatura en el sentido pedante de la palabra, pero aúna dos aficiones que tiene, la gastronomía y el escribir.

Empezó casi sin querer escribiendo recetas que el mismo inventaba y cocinaba, pero ya ha dado el paso a tener dominio y hosting propio. Uno duda que es mejor, si la receta o como la explica (sinceramente, el como lo explica en la mayoría de las ocasiones), pero por fin, alguien que me entretiene de verdad y no me calienta la cabeza con tonterías de internet, redes y demás estupideces.

Todo esto me lleva a una reflexión final, si la gente que yo se que es muy buena en un ámbito concreto no son los que al final llegan, ¿quienes son los que llegan y triunfan?. Supongo que la respuesta está en los que perseveran, con lo que la respuesta me deja más inquieto que antes. Las personas que suponemos que son las mejores, no es que lo sean, es que son cabezotas e insisten e insisten, y por otro lado, los que realmente tienen el talento, prefieren dedicarse a algo que les de manduca y ya luego harán de su afición lo que les rote. Mira, esta reflexión da para otro post….

Por cierto, que no se me olvide, el blog de gastronomía de este interfecto es Cocina pero sin pausa. Vale la pena leerlo, en serio.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.