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No squid but octopuss' google

El 14

Viajes, Madrid, Reuniones

Sábado, 1 Noviembre 2008

Pues mira tu que cosa que me ha tocado volver a los Madriles. Se conoce que algunas de mis opiniones sobre el averno, la temperatura y los vampiros no acababan de ser del todo ciertas, o como mínimo no eran compartidas. Por esto, esto seres mesetarios me invitaron de nuevo a sus dominios. La excusa era visitar a los de Google, estos señores tan simpáticos que han sacado el google adwords, el google docs, el google ads, el google where's my keys. Estos señores estaban lanzando un producto y buscaban colaboradores y habían pensando en nosotros.

Joer, una vista a los de Google. Realmente es una tentación irresistible para cualquiera que haya pasado un tiempo en internet. Visitar a los nuevos gurus, los nuevos líderes, los mesías de las autopistas de la información, del web 2.0... vamos los amos del universo. Así que ni corto ni perezoso me apunté a la cosa.

Nada más empezar, la cosa se empezaba a torcer. Al entrar en el avión me dicen que hay mucha gente y que mi maleta, tamaño estándar para ser equipaje de mano, no cabe y que se ha de facturar. Me quedo con cara de idiota viendo a una ejecutiva arrastrando delante mío una maleta como la mía, un portátil, un bolso y cuatro bufandas. Yo, que soy tonto pero a veces me olvido, le pongo cara rara al operario y le señalo a la señora que se estaba ya perdiendo en la lejanía. El operario me mira con una sonrisa malvada, y me señala otra señora que me estaba adelantando por la izquierda cargada con más o menos los mismos bártulos. El mensaje estaba claro, mejor me callo o me tocará ir a Madrid remando.

Refunfuñando entre dientes me desprendí de la maleta y me senté en el aeroplano. Todo muy pequeño, todo muy estraño, todo yo muy mosqueado. Para colmo de males, el piloto supongo que no tendría claro el concepto de línea recta y llegó media hora más tarde al aeropuerto. Había perdido media hora tonta, pero todavía tenía margen para ir a las oficinas de Madrid, presentarme e irnos a Google. Pero mira tu que cosas que el destino no tenía ganas de ponérmelo fácil. Nada más pisar tierra, pusieron en marcha todas las calefacciones de la T4, así que sudando como un pollo con anorak me fui a buscar la maleta. Pasaron diez minutos y no aparecía la maleta, pasaron veinte y tampoco, al cabo de treinta y ya bastante nervioso porque llegaba justo, pregunté a un señor de AENA que pasaba por allá y me indico que fuera a un sitio muy específico... estaba medio oscuro, los fluorescentes fallaban y se notaba el crepitar de la electricidad, la cinta transportadora chirriaba en su lento avanzar, estaba rasgada por varios lados y con manchas de algún tipo de líquido viscoso, hacía mucho frío, pero mucho note ruidos extraños y pasos de gente detrás mío, un sudor helado recorría mi nuca... y en medio de aquella desolación apareció mi maleta. La agarré al vuelo y salí corriendo como alma que lleva el diablo.

Al llegar a la oficina me encontré con la compañera que tenía que ir a Google. Misteriosamente le habían robado el bolso con todo lo que tenía dentro, tarjetas, dinero, identificadores varios, pero curiosamente dejaron intacto el móvil, eso sí, abierto, como si hubieran estado manipulando su mecanismo. Nos contamos mutuamente estas peripecias nuestras y nos enfilamos hacia la gran G.

La gran G tenía sus oficinas en una torre de marfil, un edificio alto como mi ego y de un color blanco inmaculado. La cúpula de la torre no se apreciaba desde el suelo porque se perdía entre las nubes. Buscamos la entrada, una pequeña puerta que desembocaba directamente con dos personas que con las caras grises, tristes y una voz grave nos preguntaron a donde íbamos, quienes éramos y porque estábamos allí. Apuntaron todos estos datos en una ordenador que tenían conectado en la nuca, y con un gesto que oscilaba entre lo ridículo y repulsivo, se colocaron nuestros DNI a un centímetro del ojo y lo escanearon. Al finalizar este proceso y mediante un lacónico: datos verificados, pueden pasar, nos dejaron entrar en la zona de ascensores.

La reunión la teníamos en la planta 66 sector 6, nos reímos de la circunstancia tonta del número. Pero que narices, quién se cree estas cosas a día de hoy, así que pulsamos el botón y para allí que nos fuimos.

Lo primero que nos sorprendió fue la puerta, no era de vidrio ni corredera ni con sensores. Era una puerta de madera con unos pórticos. Buscamos afanosamente el timbre, pero no había ninguno. A mi me dio la risa y estaba por gritar eso de "ahh del castillo", pero me contuve porque estábamos delante de Google y no era cuestión de parecer insensible, así que con mano firme, golpee la puerta. Al poco, se escucho como se liberaban unos goznes y la puerta se empezaba a abrir. El local era oscuro, como si la única luz fuera una triste vela colgada en el techo. Entramos y mientas nos encaminábamos a lo que parecía ser una recepcionista, veíamos fotos y eslógans colgados en la pared que harían estremecer al más pintado.

El gran G te vigila.

El gran G no tolera fallos.

Los débiles han de morir.

Sabemos todos tus secretos y nos perteneces.

Claro, uno empieza a ponerse nervioso y al llegar a la recepcionista yo ya estaba que no sabía si mearme encima o directamente irme por las patas abajo y hacer un completo. Con este estado de nervios recuerdo ir contestando preguntas que me hacían y la única cosa que tengo vagos recuerdos es que creo que me pregunto mi tamaño de calzoncillos y en que lado dormía de la cama. Entonces entró la persona que nos quería entrevistar, pero como nos hicieron firmar un NDA,no puedo contar nada al respecto, y aunque no lo hubiera firmado, visto lo que me ha estado ocurriendo, tampoco lo haría.

A partir de ese mismo día, han empezado a ocurrir cosas extrañas. Al principio crees que son cosas que ocurren con la informática, pero poco a poco te empiezas a asustar. Empezó primero con mi compañera, que buscando información sobre un producto de publicidad en Google (como no), los adwords que le salían era como mínimo sospechosos.

"Sabemos donde estás. No puedes derrotarnos, únete a nosotros o serás destruido"

Pulsabas en el enlace y te reenviaba a Google, suponíamos que sería alguien que estaba haciendo pruebas y no hicimos demasiado caso. A mi me paso otra cosa completamente distinta, me fui al lavabo por necesidades completamente humanas, y al volver delante del PC, vi como el ratón se estaba desplazando por la pantalla buscando documentos en mis carpetas personales.

Alguien o algo nos estaba espiando. Porque estas dos no fueron las últimas, durante ese día nos pasaron cosas cada vez más extrañas como que se nos pusiera de fondo de escritorio una imagen de Google que decía, "We know everything".

Mi compañera y yo, estábamos sobresaltados y no sabíamos que hacer, así que en el pasillo acordamos quedar fuera de la oficina para hablar del tema. Pasamos el resto del día intentando aparentar que todo era normal.

Nos citamos en un bar gallego para comentar lo que estaba pasando, cuando estábamos cerca de encontrar una pequeña luz que nos iluminara, apareció por sorpresa otra compañera de trabajo. Casualmente le apetecía unos pimientos del padrón, ya sabes, algunos te espían y otros no, digo, unos pican y otros no. Sorprendidos, pero contentos porque éramos uno más para estudiar lo que estaba ocurriendo, continuamos debatiendo. Ella nos miraba con cara de atención y asentía y nos preguntaba, pero cuando le pedíamos su opinión daba largas o cambiaba de tema. Y así paso la noche, entre pulpo, quesos, padrones y googles.

Yo empezaba a sospechar había algo que no me cuadraba. Al día siguiente me puse a investigarla, primero buscando en Google con resultados totalmente nulos y con amenazas veladas en los adwords: "no nos investigues", "no molestes a nuestra gente" y demás lindezas.

Al día siguiente intenté hacerle frente, preguntarle como quien no quiere la cosa para ver que estaba pasando. Misteriosamente, cuando yo esperaba evasivas y negaciones absolutas, simplemente me miró y una lágrima se deslizo por su mejilla. No me reaccioné a tiempo y ella dio media vuelta y me dejó con cara de sorpresa.

Lamentablemente para mí, no tenía más tiempo, tenía que irme al aeropuerto, así que no insistí y me fui para volver a casa. En el camino elaboré una teoría peregrina por la cual creo que ella es una agente doble. Por alguna extraña razón empezó a trabajar con ellos de joven y ahora no sabe como salir. Confío en poder ayudar a liberarla de este yugo de la informática. Eso es si vuelvo sano y salvo, mi avión se ha retrasado por causas "informáticas".

Si no vuelvo con vida, decirle a mi familia que los quiero mucho.

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Con formación en psicología y con un Máster en dirección de empresas, la curiosidad y las ganas de aprender han sido el motor de mi carrera profesional. Por este motivo he participado en proyectos de todo ámbito, ISPs, Comercio electrónico, Plataformas de e-learning, Comunidades de práctica y Redes sociales profesionales. Todo este historial profesional me ha llevado a tener una visión global de la empresa y una perspectiva orientada a negocio, donde el cliente se sitúa en el centro de todas las operaciones de marketing, ventas, tecnología y de gestión de recursos humanos.