
Hoy he ido a comer a un restaurante que regentan unos colombianos y en el menú del día tenía arroz con Coca-Cola. Me he quedado de piedra, no sabía si era una arroz normal y corriente servido con una cola bien fría o realmente era arroz cocinado con cocacola. Al preguntarle al camarero me ha dicho que era lo segundo. El plato venía acompañado de beicon y ketchup y al paladar te recordaba a esas comidas guarras de adolescente, un poco dulce, un poco ácido y todo refrescante.