Esta es una de las frases más habituales en cualquier tratado de marketing que me leído, y me he repasado ya unos cuantos para ponerme al día de este rollo del marketing operativo, que no del estratégico que es el realmente divertido. Por muchas vueltas que le dé, yo historias no se contar, o eso creo yo. También es verdad que para decir que no se narrar, tengo blog casi desde el año 2000, así que también soy yo un poco idiota si digo que no se "contar" y estoy aquí dando la paliza desde hace casi diez años.
Con esta idea en mente, he hecho un ejercicio de introspección y me he analizado cuando estoy con mis hijos contándoles los cuentos clásicos. En este caso, una versión un poco ñoña de la Caperucita Roja. Por lo que he visto, contar no se si se contar, pero que imaginación tengo para rato.
De entrada, la caperucita roja es tonta y miope. No darse cuenta que el que lleva el camisón de su abuela es un lobo es para cagarse.
La madre de caperucita, por narices era de moral disipada o de apretones amorosos, porque no se le conoce marido. Debe ser por eso que vive alejada de todos, porque deben hablar mal de ella cosa fina.
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