Ya se han acabado las vacaciones de navidad y estamos todos más gordos, más cansados y con cara de haber hecho el Paris-Dakar, ¿que nos queda ahora?. Necesitamos vacaciones de las vacaciones, un espacio de tiempo propio para nosotros mismos. Es algo imperioso el poder descansar de esta mini-maratón, lo malo del caso es que las siguientes fiestas quedan bastante lejos, tan lejos que ni siquiera se adivinan en el horizonte.
Vamos a tener que apretarnos de nuevo los machos y cargando con nuestros kilos de más, nuestras ojeras y nuestro estres de aguantar convenciones familiares de más de quince parientes, ir a trabajar y volver a la agotadora rutina de 9 a 6 (los que tienen suerte).
La parte positiva, es que todos nos vemos envueltos en este proceso de re-entrada a la realidad, y como consuelo, muchas de las páginas de Internet que suelo leer vuelven a estar activas y podré leer de nuevo las desventuras y venturas de muchos seres incautos como yo. Es un poco triste aplicarse eso de Mal de mucho consuelo de tontos porque me autocalifico como tonto, pero es que en eso se basan las terapias de grupo.
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