Cenas

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Que malo es dormir poco

No lo vamos a negar, uno ya no tiene el cuerpo que tenía cuando en vez de usar la sabiduría y la cordura, mi únicas herramientas eran la pasión y la curiosidad. Ahora, o descanso mínimo siete horas al día realmente no sirvo para absolutamente nada. De hecho, estoy escribiendo esto con un punto de dolor de cabeza en el frontal izquierdo de mi cráneo que es claro anticipo de espidifen en vena.

Ayer vinieron de las tierras sajonas dos personas, y como somos así de educados, no sólo nos reunimos con ellos, sino que además los llevamos a cenar al Restaurante Barceloneta para que degustaran los placeres de esta tierra. Se conoce que uno de ellos ya había estado por estas tierras nuestras, versión canaria, y sabía diferenciar entre “placeres” y placeres. Como muestra es que optó más por jamón de jabugo antes que por las croquetas, y eso que se las intentamos colar como delicatessen del lugar.

 
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Seafood on demand

Este fin de semana hemos celebrado los típicos eventos que ocurren cuando uno cumple un ciclo de unos trescientos sesenta y cinco días. De hecho, hemos celebrado dos de estos ciclos más dos santorales (que manda narices para un agnóstico). Como manda la tradición de los últimos tres años, lo hemos celebrado en la terracita que hay en casa. La cosa tiene truco, porque por esta terraza ha estado regentada por tres de los cuatro agraciados.

Lo especial de esta ocasión era que teníamos dos mellizos de un mes, y claro, las cosas se complican un poco. Pero de todas maneras, optamos por hacerlo como se ha hecho habitualmente, pedir a Fernando unas ricas viandas. Anteriormente optábamos por ir a cenar a un restaurante, pero claro, multiplicas y al final te sale más económico hacer algo en casa.

 
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Cena Hindú

Este sábado pasado hicimos una cena hindú. Esto era parte de la promesa que hicimos hace tiempo. Así, que armado de paciencia, receta y la ayuda inestimable de la Moni, hicimos la cena de turno.

Los platos escogidos eran garbanzos con mago y coco, pollo al curri y halva de calabaza. Por supuesto, también hicimos chapatis.

No voy a entrar en los detalles de cada plato, porque lo calcamos de un libro de recetas, simplemente diré que después de cocinar me quedé con las ganas de ver la demostración del baile de bolliwood.

Y poco en serio, del primer plato, yo hubiera cortado maś fino el coco porque me molestaba encontrármelo en el plato por su textura. Del segundo, destacaría el curry, que no picaba en absoluto por lo que si se quiere se puede añadir un poco de pimienta. Y finalmente, el tercero, que tendríamos que haberlo espesado un poco más.

 
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Esas centollas

Ayer nos tocó cena en casa con la familia para celebrar cuatro eventos en uno. Como somos ciento y la madre y no tenía yo el cuerpo para cocinar para tantos, y el calor sofocante tampoco me animaba, al final opté por delegar. Pedimos marisco a Mariskito.com, que a pesar de tener un nombre un poco cursi, tienen un producto de primera. Ellos lo compran en los puertos de Galicia, te lo empaquetan y te lo traen a casa. Si esto no fuera ventaja suficiente para tener una buena cena, si estás perro y vago y no quieres ensuciar nada, también puedes pedir que te lo traigan cocido, con lo que te ahorras el saberte las proporciones de sal por litro en función del bicho. Y por último pero no por ello menos importante, puedes pedir que te lo traigan el sábado, lo cual es un alivio para la gente que trabaja.

A estas buenas gentes les pedimos centollas y demás cachivaches con patas, y realmente, lo que más triunfó es la salsa que se hace con las huevas de las centollas, mahonesa, ketchup y un poco de whisky. Nos la comíamos a cucharadas, es que está buena de vicio.

 
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La inevitabilidad

Hay situaciones en la vida, que gracias a la experiencia, conocimiento de los datos y los participantes, en las que sabes perfectamente como va a acabar todo. Uno de estos momentos los viví este domingo pasado. Yo estaba espachurrado (literalmente) en el sofá cuando Txipi llamó por teléfono, naturalmente quería hablar con la Moni, pero esas no son horas de despertar a una princesa, así que le toco resignarse y hablar conmigo.
Estaban tomando el sol en la playa y me preguntaban que tal nos iba tomar café, yo les dije que perfecto. Insistió en el tema de solo tomar café, pero yo ya sabía, y así se lo hice saber, que lo que estaba intentando era misión imposible.

Efectivamente, al final vinieron a tomar café y nos hicimos unas risas contándo anécdotas y demás y como quien no quiere la cosa, y como es habitual (y estoy encantado de ello), acabamos cenando unas tostadas con una sobrasada de mallorca (que en teoría era para ellos, pero les sisé una parte para probar) y todo ello regado un vino de sas illas que era bueno de narices.

 
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¿En tu casa o en la mía?

Aunque parece una frase de esas que se dicen cunado has conseguido ligar, o al menos eso dicen porque yo no he tenido ocasión de llegar a pronunciarla, esta vez está más relacionada con los eventos sociales. Cuando un grupo de gente, todas ellas con piso, deciden celebrar algo, siempre se plantea esta pregunta ¿en tu casa o en la mía?. Y es en este punto cuando afloran ciento de variables, que tamizadas con la cortesía y los buenos modales, provocan situaciones de lo más divertido.

A ver, no es por malmenter, si realmente uno quiere hacer una cena en casa con sus amigos, directamente los invita y listos, no hay que andar con parafernalias raras. La cuestión se complica cuando es una celebración que cae fuera de tus deseos base, y que tiende a ser una celebración popular: Fin de año, San Juan, un aquelarre, en fin esas cosillas de celebrar. En estos casos, la logística se complica y si encima tienes fobia social y eres un antipático de mena, la cosa no solo se complica sino que se hace más cuesta arriba. Si a este perfil responde, más o menos, más de uno de los poseedores de casa, los diálogos pueden ser de lo más divertidos.

 
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Lacón

Llevo varios días que no paro quieto y he dejado bastante de lado esto de ir escribiendo. La verdad es que todavía voy con la agenda llena, pero no quiero perder la costumbre de ir escribiendo las tonterías que me van pasando. Hay varias razones, la primera es para poder releerlo al cabo del tiempo y reírme solo, y la segunda, es porque ayuda a ordenar las ideas y de paso a redactar mejor.

Han pasado muchas cosas durante este tiempo, pero se podría resumir en la cena que nos comimos ayer. Después de un viaje a Galicia nos dio por comprar lacón. La idea era hacer una cena temática con unos amigos que tenemos con los que más que menos tenemos la tradición de hacer viajes por ahí con el único fin de comer como posesos.

 
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Crujiente en boca

Este sábado se hizo al final la cena de hermanos. Fue algo absolutamente espectacular y digno de ser recordado durante siglos. Como somos así de chulos, nosotros decidimos hacer una cena mexicana en vez de tirarnos por la clásica y nunca bien reconocida, tortilla de patatas y ensalada.

Pero vamos por partes, como somos unos puristas del tema, quisimos hacerlo todo al estilo original mejicano, así que el viernes nos tocó ir a comprar los chiles, ajitomate, cilantro y la masa para las tortitas a un supermercado de esos típicos. Por otro lado, le gorreamos sin ninún tipo de escrúpulos un cachivache para hacer que las tortitas sean planas y redondas a una amiga mexicana. Todo esto lo hicimos el jueves pensado que el viernes por la tarde limpiaríamos y lo dejaríamos todo a punto para ponernos a cocinar el sábado.

El viernes por la tarde nos dio un jamacuco raro y nos quedamos atrancados en el sofá y como veíamos que no podíamos salir, nos decidimos por hacernos una típica siesta tonta. Cuando nos levantamos ya eran casi las 10 de la noche y no nos daba tiempo a hacer nada. Se nos juntaba todo el trabajo para el sábado. Si es que nos encanta trabajar con presión.

 
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Relajandose en la cocina

Como llevo un par de semanas como loco, hoy me he decidido a plantarme y a relajarme en la cocinilla. Me he metido allí dentro y he intentado hacer una mezcla de postres que vi para hacer un brazo de gitano y de mousse. El resultado final no ha sido ni una cosa ni la otra, pero ha quedado la mar de presentable.

Otra cosa que he probado también ha sido el hacer el pescado de una forma distinta. La idea es cuando se hace a la plancha, en vez de plantificarlo entero, cortarlo a láminas como si fuera jamón. De este modo todo el pescado queda crujiente y cuando lo presentas rociado con un poco de aceite de oliva virgen y sal maldón, el plato está bueno de la muerte.

Lo divertido de todo es que cuando estaba emplatando, en medio del proceso de decorar el plato se ha ido la luz. Supongo que si yo mismo me viera con una cámara me descojonaría de risa: un tío aguantando la linterna con el hombro mientras intenta colocar como puede los trozos de pescado entre la salsa de yogourth. Afortunadamente ha venido mi novia a hacer las veces de operador de luces y me ha ido enfocando en función de las necesidades.

 
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Límite 72 horas

¿Os ha pasado alguna vez que estáis deseando que llegue el fin de semana y que por arte de birlibirloque este desaparezca sin más?. Pues justamente lo que me ha pasado a mi mismamente. Como soy, y aquí podría hacer la extensión a alguien más, un pardillo nunca recuerdo lo estresante que fué el último fin de semana.

La verdad es que uno se sumerge gustosamente en los múltiples acontecimientos que le rodean y os aseguro que me lo paso muy bien, e incluso consigo romper mi fobia social y llegar a hablar con gente (todo un record oiga), pero cuando llega el domingo por la tarde uno solo puede pensar eso de Mierda, mañana lunes.

En este caso en concreto el fin de semana fué de lo más prolífico, empezó el viernes a las 7:30 AM con una llamada que decía "se nos ha estropeado la nevera y necesitamos la tuya". Como uno es así de simpático, se compromete ir a casa de este ser humano vivo para ayudarle a migrar toda su nevera llena de comida de navidad. También tengo que reconocer que confiaba que algunos de los bogavantes que transportaría se perdieran misteriosamente en el camino.

 
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