Se puede vivir sin Mac, pero no es vida

Llevo ya una semana sin el Mac, y la verdad se podría decir que se puede vivir sin un cacharro de estos. Se vive un poco peor porque pierdes algunas funcionalidades interesantes, pero lo que es una verdad escrita en letras de oro es que no se puede trabajar sin ordenador.

Cuando tienes que escribir, te toca hacerlo a mano y tienes que entender tu propia letra, lo cual ya es un problema pero cuando quieres cambiar algo te toca usar la goma de borrar, y si quieres mover un párrafo a otro lugar, ya no vale el copiar pegar, sino borrarlo todo, y volverlo a escribir.

En el tema de las presentaciones, la cosa es más complicada, sobretodo si te da por poner animaciones, que te toca hacer virgerías para que al pasar las páginas rápido parezca que se mueve algo.

Y ya no te hablo cuando te metes en una hoja excel, si ya te cuestan las sumas, cuando empiezas con formulas, sumatorios, varianzas, curvas logarítmicas… es para arrancarse los pelos de la nariz, una tortura china.

El resto de cosas, como leer periódicos, el correo o películas, más que menos se puede intentar con el móvil si tiene una pantalla más o menos decente, que no es el caso del iPhone 5, pero se sobrevive.

En fin, que vaya semana que he pasado y la cantidad enorme de trabajo que he de pasar del papel al cachivache electrónico ese.

Ya no tengo estómago para esto

La edad no perdona y no te engañes, no son los kilos, es la edad y da igual la cantidad de litros que te metas entre pecho y espalda a partir de cierta edad, comerse una hamburguesa o cuaquier tipo de comida Fast Food, te va ha dejar el estómago dando más vueltas que una lavadora en un programa de centrifugación.

No es que tengamos que alimentarnos como los conejos, a base de verduras, ensaladas y esas cosas verdes que salen del suelo, pero es cierto que nuestro límite de resistencia a la comida chunga ha bajado enteros. Nuestro cuerpo pide ahora unos buenos solomillos al roquefort, un entrecot a la pimienta, un buen mero en su salsa verde, y ciertamente no una hamburgesa de ternera -que tiene de ternera lo que yo de astrofísico- 

La edad no perdona, el tiempo es una variable que además de ser relativa, no tiene ningún tipo de empatía y no se inmuta si de golpe te cuelga un cuarto de siglo en cada pierna. Ya puedes llorar, ya puedes ir al gimnasio, te han colocado medio siglo sin comerlo ni beberlo y ya puedes empezar a aceptar que dentro de nada te toca colocar un vaso con agua en la mesita de noche, y no para beber, sino para dejar la dentadura postiza.

Pero bueno, al menos se tiene experiencia, y no es que ya no tropieces con las mismas piedras, sino que  tropiezas igual pero caes con más gracia porque ya tienes experiencia.

Igualdad de género

Estoy con vosotros, ya no estamos en los albores de la humanidad y más de dos mil años nos contemplan. Es hora de avanzar como sociedad e igualar a hombres y mujeres. Es inaceptable a estas alturas y en una civilización que se quiera llamar como tal, sigan existiendo las diferencias que convierten la convivencia entre géneros en una complicada negociación de derechos, deberes y fuciones.

Nosotros los hombres, y cuando digo nostros me refiero a mi mismo y como hombres me refiero a eso que pone en mi documento de identidad, reivindicamos nuestros la igualdad antre las mujeres como personas y como entes masculinos.

Queremos poder comer como si no hubiera un mañana y usar la excusa de que tenemos la regla.

Queremos poder estar bordes, ariscos o hipersensibles a cualquier tema que nos apetezca y que sin que tenga que ser recurrente porque estamos en esos días del mes.

Queremos ir a un bar y que las mujeres nos inviten a copas y nos digan piropos.

Queremos poder ir a ligar simplemente apereciendo en un lugar y no tener que elaborar complicadas estrategias para que nos hagan caso. Simplemente sentarnos y esperar a que aparezcan mujeres haciendose las graciosas, simpáticas y decirles que no.

Queremos poder decir que nos duele la cabeza cada vez que nos pidan sexo. Os hará gracia, pero tener que llevar el estandarte de estar siempre con la tienda de campaña a cuestas es un mito que hemos de mantener, la verdad es que en el fodno muchas veces no nos apetece nada, pero no podemos negarnos a no ser que nuestros iguales nos discriminen.

Queremos poder llevar pantalones, faldas, pelo largo o lo que nos apetezca sin que nos miren raro. No hay nada mejor que un Kilt en verano y no tener que ir siempre con el traje, la americana y la corbata anudada al cuello, que del calor que hace no nos llega la sangre a la cabeza y por eso miramos raro, no porque estemos pendientes de los escotes.

Queremos poder decir eso de que no me entiendes, aunque sea imposible entendernos. Deslizar nuestra falta de sentido común, lógica y concepción caotica del universo a nuestro interlocutor, obviando nuestra propia falta de coherencia.

Queremos decir lo de ya no me escuchas, aunque la culpa sea nuestra por estar siempre repitiendo lo mismo sin cesar y sin aportar información relevante.

Queremos poder criticar todo lo que se mueve, por el mero hecho de hablar mal de alguien y disfrazarlo de que estamos dano consejos.

Queremos poder decir a nuestra pareja que la queremos tal y como es y estar todos los segundos de todos los minutos de todas las horas de todos los días, soltando puyas de como se comporta para que cambie y sea como nosotros realmente queramos que sean.

Queremos ser madres, tirarnos nueve meses con nuestro hijo en la barriga, que nos den la baja y tener antojos sin ningún tipo de reparo.

Queremos que se cambie el eslogan de Mujeres y niños primeros en caso de catástrofe, a nosotros también nos gusta salvar nuestros culos cuando el resto del mundo está destinado a morir.

Queremos que cambien los baremos en las pruebas de selección para usar el de las mujeres. Si un hombre necesita correr cien metros en doce segundos para ser bombero y para una mujer es suficiente con veinte, queremos que todos tengamos veinte segundos. 

Queremos decir que no estamos gordos, que son los nervios, mientras nos ponemos ciegos a patatas bravas en el bar.

Queremos gastarnos el sueldo del mes en ir a la peluquería para que nos retoquen las puntas, nos den un baño de color y lo que sea que hagan en esos sitios.

Queremos que si nuestra pareja nos da una bofetada sea también delito penal, sinos vamos a pelear que al menos sea con las mismas reglas porque sino, tu solo puedes taparte y esperar que se canse de darte guantazos.

Queremos la custodia de los hijos y la pensión de turno por el simple hecho de ser nombres, da igual que seamos unos crápulas, unos desastrados y unos irresponsables. 

Queremos llevar zapatos de tacon, queremos esguinzarnos el tobillo y pasar por quirófano por meter los dedos de los pies en algo más parecido a un aparato de tortura que a unos zapatos.

Y finalmente, queremos que la gente tenga sentido del humor y ya aviso ahora, que todo esto es un ataque de ironia, así que calmemonos todos.