La tecnología ha simplificado muchas tareas, pero también ha creado dependencias. Podemos utilizar programas sin conocer su funcionamiento interno y, cuando algo falla, necesitamos recurrir a expertos. En el mercado privado, cambiar de proveedor puede ser difícil y costoso. Sin embargo, existe un mercado cautivo del que no podemos escapar con la misma facilidad: la administración pública.
La complejidad de los procedimientos fiscales, el miedo a las inspecciones y las dificultades para acceder a determinados servicios plantean una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando los ciudadanos prefieren renunciar a ejercer sus derechos antes que arriesgarse a tener problemas? La digitalización debería simplificar la relación con la administración, no añadir nuevas barreras ni trasladar toda la responsabilidad al usuario. Este artículo reflexiona sobre la burocracia, la inseguridad jurídica y la acumulación de poder administrativo, y defiende una administración más transparente, accesible y orientada a proteger los derechos de quienes dependen de ella.