Cuánto tiempo nos dedicamos a compararnos. Y no solo esto, sino qué peso le damos a esta comparación para construir nuestro autoconcepto. Si en los adolescentes ya estamos prohibiendo las redes sociales, que son en su esencia redes de comparación, ¿qué creéis que ocurre en las empresas? No miran las redes sociales profesionales o los medios corporativos para conocer lo que hacen sus rivales, por mucho que lo disfracemos de analizar tendencias.
No estoy afirmando que no se haga este trabajo, es importante tener una visión de dónde se ubica el resto, pero sin perder de vista dónde estamos nosotros.
Si esto ocurre, si desplazamos el peso hacia los otros, el rendimiento se ve afectado: estamos más pendientes de si unos han implementado la IA antes, de si el ERP tiene una tecnología nueva o de cualquier otra noticia que impacte en los medios. Nos quedamos paralizados por el sobreanálisis de la competencia y por el siguiente factor, que es implementar soluciones que o bien no necesitamos, o no somos lo suficientemente maduros para incorporarlas.
Hemos de tener muy claro quiénes somos, qué características tiene nuestro equipo, para trazar un camino de transformación digital. No porque todos usen una tecnología o la adopten antes hemos de correr a hacer la inversión. El FOMO, fear of missing out, no es un buen consejero para realizar inversiones, y menos las que cambian los roles de poder, la organización y la forma de trabajar.
En el caso de que se tenga claro que se ha de realizar este salto, hemos de tener claras varias ideas. La primera es saber dónde estamos, poder definirlo de forma numérica, y adónde queremos llegar. Una vez lo sabemos, el plan de acciones constantes y concretas que se van a implementar para acompañar esta transición no es instalar un programa y salir corriendo, sino quedarse, hablar con los trabajadores, hacer seguimiento, que se cumplan los procesos y reforzar todas las actitudes que den un paso más para acercarse al objetivo que nos habíamos marcado.
Por supuesto, hemos de establecer medidas de control para saber que estamos avanzando hacia el camino correcto. Lo que no se mide no existe, con lo que hemos de poder tener referencias claras del grado de éxito, implementación y resistencia, para poder actuar y reducir la fricción que se tendrá.
Por supuesto, hemos de incluir en este proceso todo el contexto de inteligencia emocional para crear entornos seguros donde expresar miedos o inseguridades no esté penalizado, tal y como muestra nuestro método Ona Mind. Que en una transformación digital surja el error es lo habitual y se ha de aprovechar como palanca de mejora, no como carga de culpabilidad. El equipo ha de sentirse seguro a la hora de intentar aprender las nuevas habilidades que se requieren.
Del mismo modo, el liderazgo ha de favorecer esta adopción. Ninguna implementación llega a buen puerto sin el apoyo explícito y directo de los actores más importantes, que son dirección, los líderes de equipo y personas influyentes. Sin esta suma de factores, la fricción es tan grande que los costes y tiempos pueden llegar a duplicarse, creando la sensación de bicefalia porque la empresa convive con dos ideas al mismo tiempo en la cabeza, y con el constante cansancio mental de no tener claro qué hacer al final.
Como con los adolescentes, te diría: no es que borres las redes sociales, pero no estés más de cuatro horas diarias, sigue a personas que conozcas y de cuyo criterio te puedas fiar, y por supuesto, tú eres importante: céntrate en ti mismo antes de ver qué hacen los demás.
Por eso te recuerdo que, primero, mírate a ti mismo; luego, si lo que hay fuera puede ayudarte a mejorar, si estás preparado, y qué plan tienes para implementarlo. Si tienes dudas de cómo implementarlo o qué plan quieres ejecutar, contáctame y miramos en qué estado tecnológico está tu empresa, si tiene sentido y, si lo tiene, qué planificación sería la más adecuada.