Uno de los conceptos más importantes en el deporte no es generar una ventaja, sino incrementarla. Esto significa que todos han de participar en la jugada hasta conseguir los dos puntos, y esto implica que todos los jugadores han de sumar en cada acción. Esta verdad se aplica a la empresa: si consigue una ventaja competitiva sobre sus rivales, es trabajo de todos los departamentos incrementarla y, si no pueden, mantenerla.

Esto es posible si todos entendemos a qué estamos jugando, si todo el grupo conoce los objetivos, conoce los procesos, conoce el producto y, sobre todo, confía en el siguiente eslabón para seguir.

Es en este momento, cuando tú confías en el de al lado, cuando todo fluye de manera «automágica», como decía un consultor amigo mío. Un estado en el que todos no solo estamos alineados, sino que sabemos que el de al lado va a hacer todo lo posible por conseguir el objetivo siguiendo no tanto las normas, sino la cultura no escrita de la empresa.

Conseguir este estado de grupo es diferente al individual: el grupo tiene un estado mental diferente y se ha de trabajar de forma diferenciada. El talento de grupo no es una cuestión aritmética, en la que metes expertos en una sala de reuniones y todo cuadra; es un proceso más delicado en el que hay que conseguir que se integren. El mundo del deporte está lleno de ejemplos. Los Lakers de 2004 juntaron a Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton, y no ganaron el título de la NBA: perdieron la final contra unos Pistons sin grandes estrellas, pero que jugaban como un solo equipo. Es de realismo mágico creer que porque tiramos un huevo en aceite tendremos mahonesa sin pasar por un proceso de integración.

En esta integración hemos de definir objetivos compartidos, una meta, una visión, una misión que nos una en un propósito y nos haga sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos. Lo viví en un proyecto para un cliente con un grupo de 25 expertos en el que cada uno hacía la batalla por su lado, quejándose de procesos, normas y compañeros. Definimos normas básicas que todos entendían, objetivos claros y responsabilidades definidas, y creamos un contexto donde compartir errores, hallazgos y aprendizajes. El rendimiento se disparó. En este estado, el grupo es algo más que una suma, crece la creatividad interna y se expanden los límites y las posibilidades.

En este viaje, los egos se diluyen y crean, por así decirlo, una identidad de grupo, donde todos tienen claros los roles que han de asumir y su papel. Donde todos se sienten vistos, se sienten importantes y se crean relaciones fuertes entre ellos, necesarias para generar la confianza.

Y esta confianza es la base, lo primero que hemos de construir. Por eso se hacen los stages de pretemporada o los retiros de empresa para hacer team building, porque sin relación, no hay grupo.

Quizás os parezca duro poner roles, definir quién es el que ha de tomar el tiro o el que ha de cerrar la venta, pero es fundamental dejar claro desde el principio qué se espera de cada uno y, obviamente, fundamentarlo en sus cualidades y capacidades. Y que estas sean conocidas y, sobre todo, reconocidas por el grupo para que sean aceptadas. Y a partir de aquí construir: no imponer el crecimiento y la capacidad del equipo, sino quitarle los obstáculos que le impiden crecer.

Todas estas ideas no germinan por sí solas. Se han de crear las condiciones necesarias para que puedan asentarse, y para esto necesitamos diseñar el contexto y las normas para que el suelo sea fértil y crezcan las plantas que tenemos en mente. Además, hay que tener en cuenta que no todas necesitan lo mismo, ni de la misma forma, con lo que hemos de ser muy conscientes de qué parámetros colocamos para conseguirlo.

Así que mira a tu equipo y hazte una sola pregunta: con el partido en juego, ¿le pasarían el balón al de al lado? Si dudas de la respuesta, ahí es donde hay que empezar a trabajar.

Puedes tener el mejor aceite y los mejores huevos. Si nadie sabe ligarlos, lo que tienes es un plato cortado. El talento lo ponen ellos. La mahonesa, la haces tú.

Si quieres, lo hablamos.