Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
El triángulo del rendimiento: qué determina realmente el éxito
El tema del éxito me parece muy interesante, tenemos el éxito como un concepto de conseguir una meta, y esto me preocupa porque cada vez más medimos lo que somos en función de los objetivos cumplidos. Si esto no nos despersonalizara, le estamos [...]









