Es la base que sostiene todo el proceso de desarrollo: aporta el marco para entender cómo piensa, siente y actúa el joven, y permite intervenir de forma estructurada sobre sus hábitos mentales, emocionales y conductuales. No se plantea como algo teórico, sino como una herramienta práctica para mejorar el rendimiento, la toma de decisiones y el bienestar, especialmente en etapas de crecimiento donde se están construyendo la identidad y los recursos internos.
El triángulo del rendimiento: qué determina realmente el éxito
El tema del éxito me parece muy interesante, tenemos el éxito como un concepto de conseguir una meta, y esto me preocupa porque cada vez más medimos lo que somos en función de los objetivos cumplidos. Si esto no nos despersonalizara, le estamos [...]









