Es la capacidad de que el joven identifique lo que siente, entienda por qué lo siente y aprenda a gestionarlo de forma consciente en lugar de reaccionar de manera automática. No se trata de evitar emociones como la frustración, la ansiedad o el enfado, sino de saber sostenerlas, interpretarlas y responder con criterio. Es una habilidad entrenable que impacta directamente en cómo se relaciona consigo mismo, con los demás y con el entorno, especialmente en contextos de exigencia como el deporte y la adolescencia.
Lo que casi nadie diseña: cuidar al que cuida
Y aquí está el punto que se suele saltar. Un monitor agotado, sin pausas, sin espacio para regularse, no puede sostener a 8 niños con paciencia el quinto día de campus. La regulación emocional del adulto no es un extra de bienestar laboral: [...]





