La adolescencia empieza entre los 10 y 13 años y del mismo modo que al año y medio emprendemos a decir que no, en esta época comenzamos a autoafirmarnos de la mejor manera que conocemos, por oposición. Es una fase que puede durar hasta los 19 años, donde nos definimos y en este camino aparecen los roces con padres, profesores y figuras de autoridad.

Algunos de vosotros estaréis familiarizados con la teoría del apego formulada por Bowlby y que afirma que los seres humanos tienen una tendencia innata a buscar la cercanía de un cuidador principal para sobrevivir y sentirse seguros.

Para el investigador, lo fundamental es que la figura de apego es su base segura, un lugar que sabe que está disponible, que le permite explorar el mundo, y volver a base cuando la realidad le excede. En ese momento puede volver a la base de apego donde no solo será atendido a nivel físico: alimentación, sino también a nivel emocional. Y es importante tener las dos, el poder estar conectado a nivel emocional y la posibilidad de explorar, sin las dos no se produce el fenómeno.

Durante tiempo se creyó que esta figura desaparecía con la llegada de la adolescencia, pero solo cambia cómo se solicita esa conexión y a quién se solicita. Los padres dejan de ser la figura central y se desliza a sus pares y parejas. Pero con un detalle fundamental, los padres siguen siendo la base de retorno fundamental donde regresar ante crisis importantes, y siguen siendo la base durante mucho tiempo incluso pasados los treinta años.

Para dar unas pinceladas de la importancia del apego en la adolescencia, la calidad del apego predice la autoestima, la calidad de las relaciones y la resiliencia mejor que otras variables clásicas como coeficiente intelectual, nivel social, etc… Y en lo que nos preocupa mucho en ONA, una base de calidad es la que diferencia entre los que pueden soportar mejor el error. Tal y como indica Sroufe, la regulación bajo estrés extremo se predice por el apego temprano y se mantiene si la base sigue disponible en la adolescencia.

Las funciones de la base segura son las siguientes:

  • Refugio — Estar. No tiene mucha más complicación. Es estar presente cuando se reclama.

  • Base de exploración — Permiso explícito para explorar el mundo, para equivocarse sin miedo.

  • Mantenimiento de proximidad — Presencia, saber que aunque no está físicamente presente, está disponible.

El apego es un proceso que ocurre y en función de cómo se construya nos podemos encontrar con cuatro tipos diferentes:

  • Apego seguro: es el que tienen personas con alta autoestima, buenas relaciones interpersonales, comprensión de sus sentimientos y abiertas a otras personas.

  • Apego ambivalente: viven el miedo al abandono y necesitan cercanía y afirmación constante, y viven en una ansiedad constante.

  • Apego evitativo: no saben gestionar la intimidad y las relaciones, no saben compartir sentimientos y emociones.

  • Apego desorganizado: suelen tener antecedentes de abusos y traumas.

Lo que me resulta interesante es la paradoja de los padres ocupados en la construcción del apego, sobre todo en la adolescencia. Ninguna investigación ha confirmado que la cantidad de tiempo correlacione con un apego seguro. Confundimos la cantidad de tiempo con la calidad.

Puedes no estar físicamente pero sí disponible para cuando te necesiten, y cuando te necesitan estar conectado, eso marca la diferencia. Los padres tenemos que entrenar estas cualidades:

  • Predictibilidad (rutina mínima de presencia, aunque sean 15 minutos)

  • Sensibilidad (estar disponible cuando se está, sin móvil, sin distracciones)

  • Reparación (cuando se falla — y se va a fallar — saber volver, nombrarlo y reconectar)

También hemos de poner el foco en algunas ideas falsas que damos por buenas:

  • Apego seguro = niño feliz siempre — falso. Un niño que se enfada y muestra malestar es que se siente seguro para expresarse; si no lo muestra es que lo oculta, y es por miedo.

  • Cantidad de tiempo = calidad de vínculo — falso. La calidad y la predictibilidad pesan más que el número de horas.

  • Si trabajo mucho mi hijo tendrá apego inseguro — falso. La calidad de los momentos compartidos pesa más que el número de horas.

  • El apego es cosa de bebés — falso. Se reorganiza pero no desaparece, ni a los 10, ni a los 15, y hay teorías que sustentan que dura toda la vida.

  • Apego seguro = pegado a los padres — falso. Justo lo contrario: explora porque confía en poder volver. Si un niño sabe que su padre estará ahí para él, no tiene miedo en alejarse y explorar.

En ONA entrenamos no solo al adolescente. Entrenamos a quienes están a su lado: padres, profesores, tutores. Porque de poco sirve trabajar la resiliencia de un joven si cuando llega a casa o al aula no encuentra una base segura donde apoyarse.

Nadie nos enseñó a ser esa base segura. Y sin embargo, es lo que más necesitan.

En perfiles de alto rendimiento, esa base es el airbag. Sin ella, cada error es identidad amenazada. Con ella, el chaval que falla se levanta.

El entrenamiento emocional no es un lujo. ¿Hablamos?