El tema del éxito me parece muy interesante, tenemos el éxito como un concepto de conseguir una meta, y esto me preocupa porque cada vez más medimos lo que somos en función de los objetivos cumplidos. Si esto no nos despersonalizara, le estamos sumando la frase que tendríamos que eliminar de nuestro vocabulario si quieres puedes porque la lógica detrás conlleva una carga que destruye a miles de adolescentes cada día, si no lo has conseguido es que no lo querías lo suficiente.

El éxito no es tanto llegar a esas metas, sino ser tu mejor versión. Explotar cada uno de los recursos, dones y capacidades que te han sido otorgados y desarrollar tu máximo potencial.

En este camino al éxito hemos de tener en cuenta tres variables fundamentales, lo que yo llamo el triángulo del rendimiento. Estas estarían en dos grupos, las que son dadas por el contexto y las que surgen de nosotros mismos. Las primeras serían nuestra genética, en la forma que sea que nos ayude, ya sea algún componente físico si eres deportista o inteligencia o belleza.

El segundo sería el contexto social donde vives. Por mucho que creamos en la meritocracia, no es lo mismo no poder comer un plato caliente todos los días con la amenaza de violencia doméstica como rutina diaria que tener una alimentación sana y un entorno familiar acogedor.

Por último, y creo que es el más importante, la voluntad individual de cada persona, la motivación intrínseca de cada persona que nos da esa capacidad de trabajo, de fijar hábitos diarios para seguir avanzando, incluso en los días en los que lo queremos dejar todo y dedicarnos a perder el tiempo.

Esto enlaza el programa Coaching for Leaders donde entrevistaban a Eileen Collins, una mujer a la que nadie señalaría como la que triunfaría en su clase. Pero la vida le puso a prueba, le colocó en una situación que tenía que reaccionar y esa misma circunstancia, en ella activó una capacidad que la llevó a estar como la primera mujer que dirigió una misión espacial. Esto me recordaba a algunas de las charlas que he tenido con Mónica Mendoza. Ahora la veis y es la conferenciante más referente en el mundo hispano en el sector de las ventas, pero no apareció de la nada, se forjó su camino desde abajo, viviendo la experiencia de millones de comerciales que empiezan y con trabajo, esfuerzo y por supuesto, talento, ser un referente en su sector.

Esta misma reflexión la he compartido con mi socia Núria Fonts, que ha vivido en primera persona lo que significa estar y crecer en entornos de alto rendimiento y la presión es una constante en el día a día, tanto como atleta de élite como directiva en el sector bancario y que ahora ayuda a profesionales a seguir creciendo y superar los retos que se plantean a los líderes actuales.

Este triángulo del rendimiento no va en contra de la meritocracia, sigo siendo un defensor de la misma, pero la complementa con unas variables que hay que tener en cuenta si queremos diseñar un sistema educativo o de desarrollo de personal. Porque no todos partimos del mismo sitio, no todos tenemos el mismo contexto, y por supuesto, no la misma hambre para crecer.

No se trata de quitar a unos para dar a otros, sino intentar mejorar el contexto y la motivación, dos áreas en las cuales sí podemos trabajar. La primera, sobre todo en adolescencia, dar mejores espacios fuera de horario escolar: bibliotecas, clubs, centros deportivos, dar de comer a todos de forma obligatoria en el colegio, etc.. y la segunda, la motivación, hay que trabajar en los docentes y líderes de equipo para que desarrollen sus habilidades blandas y consigan conectar con cada una de las personas para que la motivación en ser su mejor versión crezca en ellos, tal y como trabajamos en nuestro método Ona Mind.

Creo en las personas. Creo que todos buscamos lo mismo en el fondo: crecer, ser mejores, acercarnos a esa versión que intuimos que podemos ser. Por eso me parece tan importante dar herramientas reales y normalizar algo que todavía cuesta admitir: pedir ayuda a un experto no es debilidad, es la forma más rápida de mover la variable que sí depende de ti.

Si estás en ese punto, si sientes que quieres crecer, que quieres mejorar, y no sabes por dónde empezar, hablemos. Cinco minutos bastan para ver si puedo ayudarte yo, o para ponerte en contacto con quien sí pueda hacerlo. Reserva aquí tu hueco.

Al final, esto va de personas ayudando a otras personas a crecer, no solo como seres humanos, sino también como profesionales.