Episodio 295: Cuando el balón vuelve a la calle: la lección de liderazgo que nadie te cuenta en una sala de juntas

Hay entrevistas que empiezan hablando de tecnología y acaban hablando de infancia, de confianza y de lo difícil que es sostener una idea cuando el mundo que te rodea se mueve a otra velocidad. La de esta semana en el podcast Tatxe es una de ellas. Nuestro invitado es José Antonio Ferreiro, Coke para todos, fundador y CEO de una startup que lleva casi tres años trabajando en algo que suena sencillo y que, como todo lo verdaderamente importante, resulta enormemente complejo: devolver a los niños y niñas la calle como espacio de juego.

Coke no habla de baloncesto como quien habla de un deporte. Habla de baloncesto como quien habla de un síntoma. El síntoma de una generación que ha cambiado la pista por la pantalla, el encuentro físico por el encuentro digital, el riesgo controlado del juego callejero por la seguridad aparente del sofá. Y ahí es donde entra su proyecto, unas canastas conectadas que permiten reservar espacio, conocer con quién vas a jugar y devolver a los padres algo que muchos habían perdido sin darse cuenta: la tranquilidad de saber dónde está su hijo, con quién y durante cuánto tiempo.

Lo interesante, y lo que conecta directamente con todo lo que trabajamos en este podcast sobre liderazgo y alto rendimiento, es cómo Coke ha construido esa confianza. No ha sido a base de discursos ni de promesas, sino de diseño. Diseño de producto, diseño de proceso, diseño de cultura. Su tecnología incorpora una suerte de máscara digital que protege la privacidad de quien juega, sistemas de verificación entre jugadores y un enfoque que prioriza siempre la experiencia del más vulnerable del grupo. Porque cuando su equipo salió a la calle a preguntar quién jugaba al 3×3 en los barrios, el dato les golpeó de lleno, apenas un ocho por ciento eran chicas. No por falta de interés, sino porque un espacio pensado sin intención inclusiva termina, casi siempre, excluyendo a quien más lo necesita. Esa cifra se convirtió en decisión de producto, no en una nota a pie de página.

Hay un momento de la conversación en el que Coke explica cómo convirtieron algo tan mecánico como encender una canasta en un juego, transformando cuatro letras de un marcador en una partida al ahorcado. Y ahí aparece uno de esos principios que tantas veces repetimos desde este micrófono, el que dice que la tecnología funciona cuando las personas funcionan. No sirve de nada la ingeniería más sofisticada si no consigue que un niño sonría al tirar a canasta, si no logra que una madre respire tranquila, si no invita a que dos desconocidos terminen jugando juntos un sábado por la tarde. La innovación real no está en el sensor láser que detecta si el balón ha entrado. Está en lo que ese sensor permite que suceda entre las personas.

Pero esta no es una historia solo de éxito fácil. Coke habla también, con una honestidad que se agradece, de la administración pública. De esa idea que muchos tenemos de que las instituciones son un bloque monolítico y que, cuando te metes dentro, descubres que en realidad son personas, con sus propias voluntades, sus propios ritmos y sus propias urgencias, que interpretan un mismo reglamento de formas radicalmente distintas. Lo que en un plan de negocio se calculaba en nueve o doce meses de despliegue se ha convertido, en la práctica, en el doble. Y aquí es donde la conversación se vuelve, para mí, en una lección de gestión del cambio que trasciende el deporte urbano. Porque liderar no es solo tener una visión clara. Es sostener esa visión cuando la realidad se resiste a moverse al ritmo que necesitas, es aceptar que la frustración forma parte del proceso y es, sobre todo, seguir creyendo cuando incluso las aceleradoras te dicen que tu proyecto no encaja en sus categorías.

Esa resiliencia silenciosa, la que no sale en los titulares, es la que de verdad sostiene los proyectos de alto impacto. Coke lo cuenta sin dramatismo, casi con humor, cuando recuerda la respuesta de una de las principales aceleradoras del país al escuchar que su proyecto tenía que ver con administraciones públicas. Y sin embargo ahí sigue, instalando ya las primeras canastas, cerrando acuerdos con gimnasios, soñando con paseos marítimos donde una farola se convierta en un punto de encuentro. Ese es el tipo de terquedad inteligente que caracteriza a quienes de verdad transforman algo, la capacidad de convertir el rechazo en combustible en lugar de en excusa.

Hay algo más que me parece esencial de esta conversación y que conecta con todo lo que creemos sobre el desarrollo de personas, especialmente de las más jóvenes. Coke insiste en que el juego, cuando ocurre fuera del ámbito formal, construye algo que ninguna clase estructurada puede enseñar del todo, la gestión de la frustración, la autoestima que nace de equivocarse sin que nadie lo convierta en un drama, la negociación implícita de quién entra y quién sale en una pista donde no hay árbitro. Ese aprendizaje informal, ese que sucedía en los patios y en las calles de generaciones anteriores, es exactamente el terreno donde se forjan muchas de las competencias que después buscamos, casi con desesperación, en los equipos de alto rendimiento dentro de las empresas.

Esta entrevista tiene muchos más momentos que merece la pena escuchar completos, cómo diseñaron el sistema de puntuación para respetar las reglas propias de cada barrio, cómo equilibran el acceso gratuito con un modelo de negocio sostenible, o cómo imaginan el futuro de un jugador de Barcelona retando en tiempo real a otro en Girona. Historias que, escuchadas con calma, dicen mucho más sobre liderazgo, sobre propósito y sobre la manera en que la tecnología puede devolvernos algo tan humano como el juego, de lo que cualquier resumen puede transmitir.

Si algo queda claro después de hablar con Coke es que las grandes transformaciones rara vez empiezan con un plan perfecto. Empiezan con una pregunta incómoda, con una calle vacía que debería estar llena de niños jugando, y con la voluntad de no rendirse cuando el camino se hace más lento de lo previsto. Ojalá esta conversación te invite a mirar tus propios proyectos con esa misma mezcla de paciencia y tozudez, y a recordar que, como en la calle, el verdadero marcador nunca es solo cuestión de puntos.

Hoy, con todos nosotros, Coke Ferreiro.