Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
El jarrón chino
Voy a defender que el deporte es una de las mejores escuelas de vida, y que el noventa por ciento de las situaciones que te vas a encontrar en la empresa las vivirás vistiendo calzón corto. Os suena esta escena de un entrenador [...]









