Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
Gestionar talento no es estandarizar personas
Llevamos décadas confundiendo talento con responsabilidad del que lo tiene. Es un error de gestión, no de la persona y estas no son idiotas y saben cuándo tienen capacidad o no para conseguir objetivos, y cargan con el peso de ser conscientes de [...]









