Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
El partido que pierdes antes de empezar
El diablo sabe más por viejo que por diablo, y esto no implica que la edad sea un factor de sabiduría, sino que ha tenido la oportunidad de equivocarse más veces. Así ha podido aprender, de forma significativa, qué es lo que funciona [...]









