Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
Al principio fue el verbo
No sé si os suena la frase “al principio fue el verbo”, pero si mi educación católica no me falla y todas mis lecturas sobre metafísica, religión y espiritualismo, es la primera frase de la Biblia, al menos en algunas versiones. Y creo [...]









