Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
Por qué pagamos la entrada a un parque de atracciones
Este fin de semana he estado pensando en los partidos que hemos disputado, en los jugadores, en los contextos y en cómo han ido los resultados, y me he acordado de lo importante que es ser o tener un buen líder, que en [...]









