Liderazgo no va de posición, ni de control, ni de acumular poder. Va de asumir responsabilidad y crear las condiciones para que las personas y los equipos puedan rendir al máximo. Implica definir un contexto claro —objetivos, valores y reglas del juego— y, a partir de ahí, dar autonomía, exigir responsabilidad y sostener conversaciones honestas, incluso cuando son incómodas. Liderar es tomar decisiones, gestionar el impacto de esas decisiones y facilitar que el talento se despliegue. Todo lo demás —procesos, herramientas o jerarquías— es secundario.
Como de definen los objetivos
Ahora que todo el pescado está vendido y los objetivos del año que viene ya están fijados, llega uno de los momentos más interesantes del ciclo empresarial: toca trasladarlos en cascada al resto del equipo. Y con ello llegan también las consiguientes reacciones, [...]


