Oficial de la Armada Española desde 1996, con destinos en submarinos y buques de superficie. Profesor en la Escuela Naval Militar, jefe de adiestramiento en el Centro de Excelencia de Artefactos Explosivos Improvisados de la NATO, oficial del programa de seguridad del diseño, construcción y pruebas del submarino S-80 y, actualmente, jefe de Comunicación Pública de la Armada.
Con este currículum, cualquiera podría pensar que hoy vamos a hablar de estrategia militar, liderazgo operativo o gestión de crisis. Sin embargo, nuestra conversación gira alrededor de algo aparentemente mucho más sencillo y, a la vez, profundamente complejo: cómo aprendemos, cómo entrenamos y cómo ayudamos a otras personas a desarrollar su potencial.
Hablamos con José Manuel López Navarro, autor del libro Entrenar el inconsciente. Aunque rápidamente matiza que la obra no es exclusivamente suya y que Javier ha aportado una parte importante del trabajo mediante la revisión, corrección y edición del texto. El libro nace de una inquietud personal: compartir aprendizajes acumulados durante años de experiencia profesional y vital. Tras utilizar durante mucho tiempo su blog como herramienta de reflexión y divulgación, decidió dar el salto al formato libro.
Uno de los primeros temas que aparecen durante la conversación es el exceso de información al que estamos expuestos. Internet ha democratizado el acceso al conocimiento, pero también ha creado un nuevo problema: disponemos de más información de la que somos capaces de procesar. El reto ya no es acceder al conocimiento, sino identificar qué es realmente relevante y, sobre todo, ser capaces de aplicarlo correctamente.
En este contexto, López Navarro recuerda algo que a menudo olvidamos: un entrenador es, fundamentalmente, una persona que ayuda a otra persona a mejorar a través del deporte. Y para hacerlo necesita adaptarse constantemente a las necesidades de quien tiene delante. No requiere lo mismo un deportista profesional que un aficionado, ni tampoco aprenden de la misma manera.
La confianza aparece entonces como un elemento central. Nadie puede ser conducido hacia un objetivo que no desea alcanzar. Por eso, el entrenador debe ganarse la confianza de sus jugadores para ayudarles a comprender qué se quiere conseguir y cuál es el precio que deberán pagar en forma de esfuerzo, disciplina y compromiso para convertirse en la mejor versión de sí mismos.
Esa misma confianza debe extenderse a las familias. Los padres necesitan entender el proceso y confiar en quien acompaña a sus hijos durante su desarrollo deportivo. Pero la dinámica no termina ahí. También es necesario construir confianza entre los propios jugadores, creando entornos donde los compañeros se apoyen mutuamente y comprendan que el crecimiento individual y el colectivo están estrechamente relacionados.
Cuando la conversación gira hacia el individualismo y el exceso de situaciones de uno contra uno, su reflexión resulta especialmente interesante. Considera que el 1c1 tiene fecha de caducidad y que no puede convertirse en la única solución permanente. El verdadero crecimiento llega cuando somos capaces de hacer mejores a nuestros compañeros. En su opinión, cuando aparece la presión o los nervios, los jugadores suelen abandonar aquello que saben hacer bien y desplazan su atención hacia acciones que no les ayudan y les alejan del juego que dominan.
La formación de los jóvenes tampoco puede entenderse sin el papel de las familias. López Navarro insiste en que los padres educan mucho más con sus comportamientos que con sus discursos. Los hijos observan constantemente. Por ello, es fundamental acompañarlos durante su desarrollo y trabajar habilidades como la escucha, la comunicación y la capacidad de estar presentes.
Quizá lo más llamativo de toda la conversación es comprobar cómo muchas de las ideas que aplica en ámbitos tan exigentes como la Armada, la formación militar o la gestión de programas estratégicos de alta complejidad terminan conectando con cuestiones universales: la confianza, el aprendizaje, el liderazgo, la comunicación y el desarrollo humano.
Porque, al final, tanto en un submarino como en una pista de baloncesto, las personas siguen siendo personas.
Hoy, con todos nosotros Jose Manuel López Navarro