Episodio: 291
Hay una escena que se repite miles de veces cada fin de semana en polideportivos de toda España: un niño falla un tiro libre y sube y baja las gradas como castigo. Nadie lo cuestiona porque siempre se ha hecho así. Esa escena, aparentemente inocente, es el punto de partida de la conversación que tuvimos con Víctor Rubio, catedrático de psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y una de las voces más rigurosas en España sobre protección infantil en el deporte. Y lo que empezó hablando de baloncesto terminó hablando de liderazgo, de cultura organizativa y de algo que en Tatxe repetimos constantemente: la tecnología, los sistemas y los protocolos fallan cuando fallan las personas que deberían sostenerlos.
Víctor empezó recordando su infancia en Tenerife, cuando el juego se organizaba solo. Los niños decidían las normas, los equipos, el ritmo. No había un adulto marcando el resultado como única medida de éxito. Ese recuerdo no es nostalgia, es diagnóstico. Hoy la actividad física de los menores está casi monopolizada por el deporte organizado, y ese tránsito trae consigo algo que en el mundo de las organizaciones conocemos bien, la transferencia de la ansiedad del adulto al sistema que debería proteger al más vulnerable. Como bien recuerda la literatura sobre motivación y autodeterminación, la autonomía es una necesidad psicológica básica, no un lujo pedagógico. Cuando se la arrebatamos a un niño en el campo, estamos haciendo exactamente lo mismo que hacemos cuando arrebatamos autonomía a un equipo en la empresa, sustituimos desarrollo por control.
Uno de los datos que más nos impactó de la conversación es que, según los estudios que dirige Víctor, alrededor de un 35% de los menores federados presenta al menos un riesgo moderado de problemas de salud mental, una cifra equiparable a la población general no deportiva. El deporte, que debería ser un factor protector, se convierte en factor de riesgo cuando el entorno prioriza el resultado por encima de la persona. Y aquí aparece un paralelismo que en Tatxe defendemos con fuerza, un equipo de alto rendimiento, ya sea deportivo o empresarial, no rinde más por presionar más, rinde más cuando el sistema que lo rodea sabe sostener a las personas que lo integran.
Víctor fue muy claro respecto a la especialización temprana. Frente al mito de que cuanto antes se especializa un niño en un deporte, antes llega a la élite, la evidencia dice justo lo contrario. La especialización precoz se asocia a lesiones graves, agotamiento emocional y abandono deportivo, no al éxito. Ericsson y su trabajo sobre la práctica deliberada nos enseñaron hace décadas que el talento se construye con exposición variada y sostenida, no con presión concentrada en una sola dirección desde edades tempranas. En la empresa ocurre lo mismo con los perfiles jóvenes a los que exigimos especialización inmediata en lugar de darles espacio para explorar, equivocarse y descubrir su verdadera fortaleza.
La conversación también nos llevó al papel de los entrenadores, y aquí es donde el paralelismo con el liderazgo empresarial se vuelve más nítido. Víctor lo resume con una frase que deberíamos colgar en cualquier sala de dirección, muchos entrenadores saben mucho de su deporte pero muy poco de gestión de personas, y del manejo de personas con necesidades especiales, todavía menos. Sustituyamos entrenador por manager y deporte por sector, y la frase sigue siendo exactamente igual de cierta. La formación técnica sin formación humana produce líderes que gritan cuando deberían escuchar, que castigan cuando deberían diagnosticar, y que confunden autoridad con adrenalina.
Uno de los conceptos que más nos quedamos pensando fue el de que la mejor fuente de información sobre por qué un jugador falla no es el entrenador, es el propio jugador. Gritar puede captar atención en un momento de máxima activación fisiológica, pero no cambia comportamientos si no ha habido un trabajo previo de escucha y comprensión. Baumeister ya demostró que la autorregulación es un recurso limitado, y que el castigo repetido erosiona la voluntad en lugar de fortalecerla. En los equipos que dirigimos, sean del deporte o de la empresa, el cambio real no nace del volumen de la voz de quien lidera, nace de la calidad de la escucha que ese líder es capaz de sostener bajo presión.
Y luego está la familia. Víctor habla de un fenómeno que también reconocemos en las organizaciones, la desconexión entre el deseo de que alguien llegue lejos y la disposición real a implicarse en el proceso día a día. Todos queremos equipos ganadores, pocos estamos dispuestos a construir la cultura que los sostiene. Ahí es donde entran también los clubes, las federaciones y los ayuntamientos, porque como bien señala Víctor, cuando el negocio pesa más que el cuidado, la salvaguarda del menor, o del empleado, se convierte en papeleo en lugar de cultura viva.
Lo que más nos conecta con la esencia de Tatxe es esta idea final que Víctor comparte, el objetivo de un buen entorno formativo no es que alguien llegue a ser profesional, es que llegue a ser la mejor versión de lo que puede ser. Solo el 0,2% de los niños federados en fútbol en España acaba viviendo del balón. El resto necesita, sobre todo, hábitos, resiliencia, capacidad de afrontar la frustración y adultos capaces de acompañar sin asfixiar. Esa es exactamente la misma conversación que tenemos con cualquier organización que quiere construir talento sostenible en lugar de quemarlo en la primera temporada de resultados.
Esta entrevista es mucho más profunda de lo que estas líneas pueden recoger. Hablamos de protocolos de protección infantil, del papel de las federaciones, de la responsabilidad de los ayuntamientos en la financiación del deporte de base, y de por qué la cultura de bienestar no se decreta, se construye. Si lideras personas, si formas equipos o si simplemente quieres entender mejor cómo se construye un entorno donde las personas crecen en lugar de romperse, te invitamos a escuchar el episodio completo y si quieres saber, contáctanos.
Hoy, con todos nosotros, Víctor Rubio.