Episodio 297
Hay conversaciones que empiezan hablando de educación y terminan hablando de liderazgo, de gestión del cambio y de por qué cuidamos tan poco a quienes sostienen los sistemas que todos necesitamos. La que he tenido esta semana con Mireia Valdés, ex directora de centros educativos y hoy acompañante externa de equipos directivos, es una de esas conversaciones. Y aunque el escenario es un colegio, lo que cuenta se puede trasladar prácticamente sin cambiar una palabra a cualquier organización que esté atravesando una transformación real.
Mireia lleva 25 años dentro del sistema educativo, primero como maestra y después como directora, y hace un tiempo dio un paso al lado para acompañar desde fuera a quienes hoy ocupan esos cargos de dirección. Lo primero que me ha quedado grabado de la charla es una idea que aplico constantemente a la empresa y que ella describe con una claridad brutal desde su propio terreno, un sistema no falla por falta de personas comprometidas, falla porque se le pide a esas personas que den respuestas para las que nadie las ha preparado. Habla de docentes que gestionan bienestar emocional, diversidad y presión social sin haber recibido nunca una formación específica para ello, y de un desgaste que se traduce en bajas laborales que antes eran impensables. Cualquiera que haya liderado un equipo durante un proceso de cambio reconoce ese patrón, exigir resultados nuevos con herramientas viejas.
Otro momento de la conversación que me parece esencial es cuando habla de la confianza entre familias y centros educativos, y de cómo esa confianza que antes existía por defecto ahora hay que construirla activamente desde el primer día. Lo cuenta sin nostalgia y sin buscar culpables, simplemente constata que el contexto ha cambiado, que hoy todos nos sentimos expertos gracias al acceso constante a información, y que eso obliga a las instituciones a comunicar de otra manera, con más escucha y menos autoridad dada por hecha. Es exactamente lo que veo cuando acompaño procesos de transformación digital en empresas, la resistencia rara vez es al cambio en sí, es a sentir que el cambio se impone sin haber sido escuchado antes.
Hay una parte de la entrevista que me parece de las más honestas que he escuchado en mucho tiempo, cuando Mireia relata el fracaso inicial de un programa de coeducación que diseñó y que llevó como piloto a un centro educativo en Perú. Había construido un programa pensado para empoderar a las niñas, y el propio centro le hizo ver que sin incluir también a los niños en ese trabajo, el programa no iba a ningún sitio. No hay avance real en un equipo, en una clase o en una organización si trabajas el cambio con una sola parte del sistema y dejas fuera a la otra. Ese ajuste, nacido de un error bien gestionado, es hoy el corazón de su metodología de coeducación, y es un recordatorio precioso de que las mejores herramientas casi nunca nacen del plan original, nacen de escuchar lo que el plan original no contemplaba.
También hablamos de tecnología, y aquí Mireia hace una distinción que me parece clave y que muchas veces se nos olvida tanto en la escuela como en la empresa, la tecnología no es buena ni mala en sí misma, lo que determina el resultado es si la persona que la usa ha sido preparada para usarla. Pone el ejemplo del ciberacoso, un fenómeno que existía antes en forma de acoso cara a cara pero que la pantalla amplifica porque permite decir cosas que nunca se dirían mirando a los ojos de alguien, y con el agravante de que en internet nada se borra nunca. Es una idea que aplico literalmente a cómo hablo de digitalización en las empresas, dar una herramienta nueva a un equipo que no ha sido acompañado en su uso no es innovar, es multiplicar el riesgo.
Cerramos la conversación hablando del bienestar emocional como algo que debería trabajarse de forma transversal desde los primeros años de vida, con la misma seriedad con la que se enseñan matemáticas o lengua, y no como una asignatura suelta que depende de la buena voluntad de cada centro o de cada docente. Es la misma tesis que defiendo desde la sala de reuniones, la parte humana no es un complemento bonito de la estrategia, es la estructura sobre la que se sostiene todo lo demás, y cuando se trata como algo secundario, el sistema entero acaba pagando el precio.
Hay muchas más ideas en esta entrevista que no caben en esta newsletter, momentos donde Mireia habla sin filtros de la relación entre familias y escuela, de por qué el deporte escolar ha perdido terreno y qué se pierde con ello, y de cómo se construye cultura de centro cuando no existe una fórmula mágica para hacerlo. Si algo de lo que has leído aquí te ha resonado, te va a interesar mucho más escuchar el episodio completo, porque hay matices y ejemplos que solo se entienden bien en su voz.
Escúchalo completo en Spotify, deja tu reflexión en los comentarios y cuéntame, ¿qué parte de tu organización estás pidiendo que rinda con herramientas para las que nadie la ha preparado todavía?
Hoy, con todos nosotros, Mireia Valdés.