Episodio 293

Cuando el aula se parece al vestuario: lo que Laia Miralles nos enseñó sobre educar en tiempos difíciles

Hay conversaciones que empiezan hablando de niños y terminan hablando de nosotros mismos. Eso es exactamente lo que pasó en el último episodio de Tatxe, cuando nos sentamos con Laia Miralles, directora de la Escola Immaculada Concepció d’Horta, en Barcelona. Un centro con más de 65 años acompañando a familias del barrio, y una mujer que lleva ese peso con una mezcla de firmeza y ternura que pocas veces se encuentra en una misma persona.

Empezamos hablando de algo que todos creemos entender pero que en realidad apenas hemos empezado a mirar de frente: cómo están los niños de hoy. Y aquí Laia hizo algo que valoro mucho en un profesional con experiencia real, matizar antes de sentenciar. No, los niños de ahora no son peores que los de antes. Lo que ha cambiado es que ahora tenemos las palabras, los conceptos y la sensibilidad para nombrar cosas que antes simplemente no veíamos. La ansiedad, la soledad, la dificultad para conectar con las propias emociones, siempre estuvieron ahí. Lo nuevo es que ahora sabemos mirarlas.

Y en ese punto conecté algo que llevo años repitiendo desde el mundo del deporte y la empresa, aplicado sin querer a la educación. Los mejores entrenadores, los mejores líderes, no son los que más saben de táctica o de procesos. Son los que saben leer a las personas que tienen delante. Laia lo confirmó desde su trinchera. Los docentes de hoy necesitan formación en comunicación, en empatía, en gestión emocional, tanto o más que en contenidos. Porque un aula, como un vestuario, no funciona por la calidad de la pizarra, funciona por la calidad del vínculo.

Hablamos también de las familias, y aquí la conversación se volvió especialmente humana. Ser padre o madre hoy es distinto a serlo hace treinta años, no porque los valores hayan cambiado, sino porque ha desaparecido algo que antes existía casi sin pensarlo, la tribu. El barrio, los vecinos, los abuelos cerca, esa red invisible que sostenía a las familias sin que nadie lo verbalizara. Ahora los padres cargan solos con un peso que antes se repartía entre muchos. Y eso, nos decía Laia, se nota en las aulas, se nota en la ansiedad de los propios padres, y se nota en cómo los niños absorben esa tensión aunque nadie se la explique con palabras.

Uno de los momentos que más me tocó fue cuando hablamos de cómo valoramos a los niños. Laia insistió en algo que parece obvio pero que casi nadie practica de verdad, decirles que importan por quienes son, no por lo que logran. No por la nota, no por el gol marcado, no por el proyecto entregado a tiempo. Por ser ellos. Y confesó algo con una honestidad que se agradece, que a veces cuesta encontrar el momento para verbalizarlo, para mirar a un hijo o a un alumno a los ojos y decirle simplemente que vale la pena, sin condiciones detrás. Ese es exactamente el tipo de conversación que en Tatxe intentamos traer al mundo de la empresa, porque los equipos de alto rendimiento funcionan igual. Se sostienen sobre personas que se sienten valoradas más allá del resultado.

También entramos en un terreno que conozco bien desde el basket, el deporte como escuela de vida. Laia fue clara, el deporte no sustituye a la educación académica, pero es un complemento que hoy muchos colegios están perdiendo de vista, saturados de exámenes, trabajos y presentaciones. Y sin embargo, es en la pista, en el vestuario, en el esfuerzo compartido, donde los chicos aprenden cosas que ningún examen puede enseñar, a perder, a sostener a un compañero, a gestionar la frustración, a pertenecer a algo más grande que uno mismo.

No podíamos cerrar la entrevista sin hablar del otro lado del aula, el de los docentes. Y aquí Laia fue especialmente contundente. La sociedad no es consciente del desgaste que supone ser profesor hoy. La burocracia ha crecido de forma silenciosa, robando horas que antes eran para los alumnos y ahora son para informes, justificaciones y procesos. Y lo peor, dijo, no es solo el tiempo perdido, es la sensación de que ese esfuerzo administrativo compite directamente con la vocación que llevó a esas personas a ser maestros. Reducir esa burocracia, liberar tiempo real de conexión humana en el aula, no es un lujo, es una urgencia.

Cerramos con una reflexión que me parece de una lucidez enorme para estos tiempos de inteligencia artificial y acceso infinito a la información. Laia lo resumió así, ya no se trata de saber más, el conocimiento está a un clic de distancia para cualquiera. Se trata de algo mucho más difícil de entrenar, la atención, el foco, la capacidad de discernir qué merece nuestro tiempo mental en un mundo diseñado para fragmentarlo. Y ahí, curiosamente, volvimos otra vez al deporte, porque entrenar la atención es exactamente lo que hacemos cada día en cualquier disciplina de alto rendimiento.

Esta entrevista tiene muchos más momentos que no caben en este resumen, sobre cómo elegir un colegio siendo una de las decisiones más determinantes que toma una familia, sobre la gestión de instalaciones deportivas desbordadas por la demanda, sobre la equidad de recursos educativos y sobre cómo sostener la ilusión docente después de tantos años. Si te dedicas a liderar personas, a formar equipos o simplemente a criar hijos que se sientan valorados de verdad, esta conversación con Laia Miralles te va a remover algo. Escúchala completa, la tienes disponible en el podcast de Tatxe.

Porque al final, tanto en un colegio como en una empresa, como en un vestuario, todo se reduce a lo mismo. Fallan las personas, no la tecnología. Y las personas necesitan, sobre todo, sentirse vistas.

Hoy, con todos nosotros, Laia Miralles.