Sentados, con un café delante, reivindicamos el papel de la entrenadora y hablamos de todo lo que implica acompañar a jugadores y jugadoras más allá de una pista de baloncesto. Entrenar no consiste únicamente en preparar partidos, diseñar ejercicios o corregir decisiones durante cuarenta minutos. Entrenar también es formar, educar, sostener, poner límites y generar un entorno en el que las personas puedan crecer con seguridad, exigencia y sentido.

En este episodio de Tatxe conversamos con Arantxa Valledor sobre la importancia de cuidar la cantera. La cantera no debería entenderse solo como una fuente de futuros jugadores para un primer equipo, sino como un espacio de aprendizaje en el que niños, niñas y adolescentes construyen su relación con el deporte, con el esfuerzo, con el error y con los demás. Lo que ocurre en esas edades deja una huella profunda: puede convertir el baloncesto en un lugar al que se quiere volver o en una experiencia de la que se quiere escapar.

Cuidar la cantera implica entender que cada jugador necesita algo distinto. Algunos necesitan más confianza, otros más estructura, otros un reto mayor y otros, simplemente, un adulto que les vea y les escuche. No todos evolucionan al mismo ritmo, no todos tienen las mismas circunstancias y no todos encajan en una única manera de entrenar. Por eso, formar exige mirar más allá del rendimiento inmediato y preguntarse qué necesita cada persona para seguir creciendo.

También hablamos de una decisión difícil, pero necesaria: saber dejar marchar a un jugador cuando no podemos cuidarlo. A veces los clubes, los equipos o los entrenadores se aferran al talento porque temen perderlo, porque creen que una salida debilita el proyecto o porque confunden acompañar con retener. Sin embargo, si un jugador necesita un contexto que no podemos ofrecer, dejarle salir puede ser una forma de responsabilidad. No siempre se puede dar a cada persona lo que necesita, pero sí se puede ser honesto y evitar que permanezca en un lugar que limita su desarrollo.

Ese tipo de decisiones obliga a poner el bienestar y el proceso por delante del ego, de la clasificación o de la necesidad de ganar. Es una forma de entender el deporte que requiere madurez, porque supone reconocer los límites propios y los límites de una estructura. La cantera se cuida también así: no solo intentando que todos se queden, sino procurando que todos encuentren un lugar en el que puedan avanzar.

La conversación con Arantxa también pone el foco en la importancia de ser realmente una misma. En un entorno donde todavía existen expectativas muy marcadas sobre cómo debe comportarse una entrenadora, cómo debe hablar, qué nivel de autoridad debe mostrar o qué espacio puede ocupar, mantener una identidad propia no siempre resulta sencillo. Pero intentar encajar en un modelo que no representa quién eres termina pasando factura. La autoridad no depende de imitar a nadie, sino de tener criterio, coherencia, preparación y capacidad para construir confianza.

Reivindicar el rol de entrenadora no significa pedir un espacio simbólico ni una presencia puntual. Significa reconocer la competencia, la experiencia y el valor de todas las mujeres que forman, dirigen, educan y sostienen equipos. Significa normalizar que una entrenadora pueda liderar con exigencia, con cercanía, con conocimiento y con una forma propia de entender el baloncesto. Y significa también ofrecer referentes reales a las jugadoras y a los jugadores que están creciendo dentro de los clubes.

En este Café 147 hablamos de baloncesto, pero sobre todo hablamos de personas. De cómo formar sin olvidar que se está educando. De cómo cuidar sin dejar de exigir. De cómo acompañar sin retener. Y de cómo construir un espacio en el que cada persona pueda ser, aprender y crecer sin tener que renunciar a quién es.

Hoy, en el café 147, con todos nosotros, Arantxa Valledor @Aranchudita