David Martos Bertelli ha vivido el baloncesto desde múltiples perspectivas. Durante años compaginó su labor como entrenador con su trabajo como profesor de lengua y latín, una experiencia que incluso le llevó a pasar una larga etapa en Hungría enseñando y entrenando.

Lejos de considerar ambas facetas como mundos separados, entiende que la enseñanza y el entrenamiento comparten muchos principios. De hecho, reconoce que su formación como docente le ha ayudado enormemente a comunicarse mejor con los jugadores.

Para David, uno de los mayores retos de cualquier entrenador no es transmitir un mensaje, sino asegurarse de que el jugador lo interpreta correctamente.

“Cuando hay dudas, cada uno tira de su propia historia y de lo que ya conoce.”

Por eso insiste en la necesidad de explicar los conceptos de diferentes maneras hasta asegurarse de que todos los jugadores entienden exactamente qué se les está pidiendo.

También cree que el latín le ha aportado una habilidad muy útil para entrenar: clasificar, ordenar y priorizar conceptos.

Esa visión estructurada se refleja en lo que denomina su pirámide funcional del baloncesto.

“El jugador tiene que saber botar, pasar y tirar.”

Para él, todo comienza por los fundamentos. Antes de hablar de sistemas complejos o conceptos avanzados, es imprescindible dominar las habilidades básicas.

Lo explica de forma sencilla.

“Cuando te presionan, si no sabes botar y pasar, tampoco podrás tirar.”

La defensa es importante, pero insiste en que el desarrollo del jugador debe ser equilibrado y coherente.

David también observa cómo el contexto social ha transformado la forma en que los jóvenes se relacionan con el baloncesto. Considera que hoy los jugadores entrenan de manera diferente a generaciones anteriores y que eso acaba reflejándose en la pista.

Percibe un baloncesto más academicista y menos espontáneo, influido en parte por los resúmenes de YouTube, los videojuegos y el consumo fragmentado de contenidos deportivos.

Por el contrario, destaca el enorme valor de la observación directa.

“El chaval que ve baloncesto entiende mejor el juego.”

Por eso considera que los hermanos pequeños que crecen viendo jugar a los mayores suelen desarrollar una comprensión más profunda del deporte.

En cuanto a la competición, mantiene una posición muy clara.

“Ganar no puede ser un objetivo. Tiene que ser una consecuencia del proceso.”

Critica aquellas dinámicas que buscan victorias rápidas a través de atajos como convocar únicamente a los mejores jugadores o reducir minutos a quienes tienen más dificultades.

Su razonamiento es contundente.

“Tu peor jugador es el que marca tu límite.”

Si un equipo quiere crecer, debe ayudar a progresar especialmente a quienes tienen más margen de mejora.

La construcción de comunidad es otro de los aspectos que considera fundamentales. Cree que cuidar a los jugadores y acompañarlos en su desarrollo, independientemente de que jueguen en el equipo A, B o C, genera un sentimiento de pertenencia que termina fortaleciendo a todo el club.

También destaca la importancia del acompañamiento institucional a los entrenadores jóvenes.

Cuando un entrenador comienza su carrera, considera fundamental que coordinadores y responsables deportivos estén cerca para generar confianza tanto en el técnico como en las familias.

Respecto al abandono deportivo durante la adolescencia, entiende que no existe una única explicación.

Muchos jóvenes empiezan a pensar en sus estudios universitarios y en su futuro profesional. Otros descubren nuevos intereses, relaciones personales o simplemente dejan de plantearse el deporte como una posible salida profesional.

Las familias también influyen, especialmente a través de la preocupación por el rendimiento académico.

Según su experiencia, las chicas suelen mostrar una mayor conciencia sobre la importancia de las notas, aunque insiste en que se trata de un fenómeno claramente multifactorial.

Como entrenador, mantiene una convicción que considera innegociable.

“Los entrenadores no pueden dejar nunca de aprender.”

Hablar con otros técnicos, asistir a clínics, compartir experiencias y seguir formándose son elementos esenciales para crecer profesionalmente y evitar el estancamiento.

Finalmente, cuando habla del lanzamiento, vuelve a reivindicar la importancia de respetar la realidad de cada jugador.

“El tirador tiene que tirar desde donde puede tirar.”

Forzar mecánicas o exigir distancias para las que el jugador aún no está preparado suele generar más problemas que soluciones. Por eso defiende corregir los aspectos técnicos cuanto antes y construir el aprendizaje desde una base sólida y progresiva.

Para David Martos Bertelli, el baloncesto sigue siendo una herramienta educativa extraordinaria. Un espacio donde enseñar, aprender y crecer como jugador y como persona forman parte del mismo proceso.

Hoy, con todos nosotros, David Martos Bertelli.