Formación o competición. Aprender o ganar. Desarrollar jugadores o buscar resultados. Durante años se ha planteado este debate como si fuera necesario elegir un bando, cuando probablemente la realidad sea bastante más compleja.

De todo ello hablamos con Gerard Cunilleras en el Café 155.

Su historia es la de muchas personas para las que el baloncesto deja de ser una actividad y se convierte en una forma de vida. Una pasión que va creciendo con el paso de los años hasta el punto de tomar decisiones importantes para seguir avanzando profesionalmente. Porque llega un momento en el que aprender más exige salir de la zona de confort, hacer las maletas y enfrentarse a nuevos retos.

Durante la conversación aparece de forma recurrente una idea que suele repetirse en las trayectorias de quienes han conseguido crecer dentro del baloncesto: nadie llega solo.

Gerard recuerda con especial cariño a muchas de las personas que le ayudaron durante el camino. Entrenadores, formadores y referentes que compartieron conocimientos, experiencias y oportunidades cuando todavía estaba construyendo su identidad profesional. Entre ellos aparecen nombres como Joan Florit, Javier Torralba o Víctor Cruz, figuras que dejaron una huella importante en su desarrollo como entrenador.

También repasamos algunas de las etapas vividas en clubes que forman parte de su recorrido deportivo, como Almeda, SESE y otras experiencias que fueron ampliando su visión sobre la formación de jugadores y la gestión de equipos.

A medida que avanza la conversación, resulta evidente que uno de los aspectos que más valora es la actitud del entrenador. Más allá de conocimientos tácticos o metodológicos, considera imprescindible mantener la curiosidad, las ganas de aprender y la voluntad de seguir evolucionando.

Porque el baloncesto cambia constantemente. Cambian los jugadores, cambian los contextos, cambian las metodologías y cambian las necesidades de los equipos. El entrenador que deja de aprender corre el riesgo de quedarse anclado en soluciones que funcionaron en el pasado, pero que quizá ya no responden a los desafíos actuales.

Por eso, cuando hablamos de formación y competición, Gerard no las entiende como conceptos enfrentados.

La formación es la que permite competir mejor. Y competir ofrece experiencias que enriquecen la formación. Ambos elementos se retroalimentan y resultan necesarios para construir procesos sólidos y sostenibles.

La clave está en no perder de vista cuál es el objetivo principal en cada etapa. En el deporte de formación, ganar puede ser importante, pero nunca debería eclipsar el desarrollo del jugador. Los resultados llegan y se marchan; los aprendizajes permanecen.

Al final, los mejores entrenadores suelen compartir una característica común: mantienen intactas las ganas de mejorar. Siguen preguntando, observando, estudiando y escuchando. Conservan la humildad suficiente para reconocer que todavía tienen cosas que aprender.

Y quizá sea precisamente esa actitud la que les permite seguir creciendo.

Hoy, en el café 155, Gerard Cunilleras