Ahora sí. Mantengo la cadencia larga y narrativa del original, corrijo los errores y amplío las ideas sin convertirlo en una sucesión de frases cortas.
De un tiempo a esta parte veo cada vez con más frecuencia roles de CPO (Chief People Officer) y todo un torrente de presentaciones, libros, posts y artículos sobre lo importante que es la implicación, el sentir y ser partícipe de un proyecto y sobre cómo, cuando se articula correctamente, los beneficios son claros y contundentes para la empresa.
Nos comentan que no es posible recibir sin primero aportar, que la suma empieza con uno mismo y que todos hemos de arrimar el hombro —reducción de sueldo, ampliación de jornada o las dos a la vez— para conseguir sobrevivir en estos tiempos confusos. El mensaje se repite de diferentes maneras, con diferentes palabras y, en ocasiones, con presentaciones extraordinariamente cuidadas, pero en el fondo viene a decirnos lo mismo: ahora toca sacrificarse y todos tenemos que poner algo de nuestra parte.
En resumen, veo a mucha gente hablando de las maravillas de los seres humanos dentro de las organizaciones y, como decían hace tiempo, me congratula, pero como suele pasar, me hace sospechar de que algo se está escondiendo detrás de tanta preocupación repentina por las personas.
De entrada, piden un sacrificio a partes iguales, que todos hemos de consensuar —que muchas veces significa conseguir que uno esté menos contento que otro a la hora de llegar a un pacto— sobre cómo vamos a participar y qué estamos dispuestos a aportar. Y aquí aparece una cuestión que me parece bastante importante: si el trabajador pone de su parte, la empresa hará un esfuerzo —ojo, que no inversión— para conseguir que funcione. Y aunque las palabras puedan parecer similares, para mí existe una diferencia importante entre ambas, porque un esfuerzo se puede hacer hoy para salir de un problema y una inversión implica asumir que aquello en lo que pones recursos tendrá que generar algo en el futuro.
A mí esta estrategia, más allá de que algunas empresas y, más que empresas, algunas personas puntuales realmente se lo crean y pongan lo necesario para que el acuerdo social tácito que ambas partes han firmado sea honesto y se cumpla, me retrotrae a una época en la que todavía no se había desarrollado al completo mi sistema arácnido que detecta la venta de humo.
En esos años locos me reía bastante de una pregunta que nos hicieron en el MBA que estaba cursando: “En el plato de huevos fritos con bacon, ¿quién está más comprometido?, ¿el cerdo o la gallina?”.
Si uno no se lo piensa demasiado, puede llegar a decir que ambos, que los dos ponen de su parte para conseguir ese plato que hace las delicias de muchos comensales. La gallina, con su esfuerzo, dona sus huevos y el cerdo, el bacon. Todo parece equilibrado y, si nos quedamos con la presentación, incluso podríamos construir alrededor de esa imagen una bonita historia sobre colaboración, compromiso y objetivos compartidos.
El problema es que, si no pensamos y nos quedamos con la presentación, tan bien diseñada, con unos buenos colores, mejores imágenes y todavía más seductora puesta en escena, cometeremos un pequeño error.
Supongo que, como esto es un texto plano y sin ninguna floritura añadida, ya sabréis dónde está el truco: la gallina pone los huevos y sigue cacareando por ahí sin problemas, mientras que el cerdo ha de dar la vida para sacar el bacon de su cuerpo. Con lo que la premisa de que los dos colaboran no es exactamente cierta; uno aporta una parte de sí mismo para conseguir el objetivo y el otro entrega absolutamente todo lo que tiene, hasta el punto de que no podrá disfrutar del resultado.
Y creo que ahí tenemos una metáfora bastante interesante para hablar de compromiso dentro de las empresas, porque no deberíamos limitar la conversación a cuánto aporta cada uno, sino preguntarnos también qué está arriesgando cada parte y qué recibe a cambio. No es lo mismo aportar tiempo, conocimiento, experiencia o esfuerzo que poner en juego tu estabilidad, tu salud, tu vida personal o incluso tu futuro profesional, y tampoco es lo mismo pedir un esfuerzo puntual para superar una situación complicada que construir una relación en la que permanentemente se espera que una de las partes dé un poco más.
Así que tenemos que ser muy conscientes de qué estamos dando al proyecto y qué está ofreciendo la contraparte. Si al final del día la relación no es más que un intercambio comercial que, cuando se acabe, hará que cada uno siga por su lado, que es una tendencia cada vez más evidente porque los RRHH siguen siendo considerados un coste y no una inversión en muchas empresas, quizá no tenga demasiado sentido pedir a las personas que entreguen todo lo que tienen. Porque cuando das todo durante demasiado tiempo y no encuentras una respuesta equivalente al otro lado, no solo te puedes quedar sin ganas, también puedes acabar preguntándote para qué estabas haciendo todo aquello.
Y aquí es donde creo que algunas organizaciones confunden compromiso con disponibilidad. Una persona puede estar comprometida con su trabajo y, al mismo tiempo, poner límites. Puede querer que el proyecto funcione y no estar dispuesta a trabajar permanentemente más horas. Puede tener interés en que la empresa crezca y, sin embargo, esperar que ese crecimiento también tenga algún tipo de retorno para ella. No debería ser una contradicción.
Soy consciente de que detectar cuándo los objetivos de una empresa no están alineados no es fácil. De hecho, suelen pagar bastante bien a la persona que vende humo, primero porque sabe vender humo y ganarse un salario más que justificado y, segundo, porque su humo depende de que otros no solo le paguen por ello, sino que trabajen por ello a cambio de sacrificios que él mismo no va a hacer.
Con lo que, llegando al final del post, la Gran Renuncia que se ha extendido por el sector empresarial no creo que pueda explicarse únicamente por las facilidades que nos ha dado el Estado para vivir sin trabajar, ni por una supuesta falta de compromiso de las nuevas generaciones. También deberíamos preguntarnos qué parte de responsabilidad tienen las propias empresas después de años abusando, en algunos casos, de una posición de poder para maximizar los beneficios utilizando cualquier recurso a su alcance, incluso jugar con la buena fe y la ilusión de las personas.
Porque quizá el problema no sea que la gente haya dejado de querer comprometerse. Quizá el problema sea que cada vez más personas han aprendido a distinguir entre compromiso y sacrificio, entre participar en un proyecto y entregar tu vida para que otro consiga sus objetivos.
Y ahí volvemos al principio.
En el plato de huevos fritos con bacon, el cerdo y la gallina participan.
Pero no participan de la misma manera.
Y quizá antes de volver a hablar de compromiso deberíamos preguntarnos quién está poniendo los huevos y quién está poniendo el bacon.
SEO
Frase clave objetivo:
Título SEO:
Meta descripción:
Palabras clave: compromiso de los empleados, compromiso laboral, gestión de personas, cultura empresarial, liderazgo, recursos humanos, gestión del talento, cultura organizacional, transformación cultural, Gran Renuncia
Categoría: Liderazgo y gestión