Llevamos décadas confundiendo talento con responsabilidad del que lo tiene. Es un error de gestión, no de la persona y estas no son idiotas y saben cuándo tienen capacidad o no para conseguir objetivos, y cargan con el peso de ser conscientes de que sus capacidades no se están trasladando a las métricas que muchos adultos esperan. Se culpabilizan, se desconectan y entran en bucles de pensamientos que no facilitan una mentalidad proactiva ni con capacidad de mejora. No es necesario que un adulto venga a señalar que la culpa de su falta de rendimiento es suya, solamente suya, y que cualquier otro con sus mismas cualidades ya estaría saboreando las mieles del éxito sin esforzarse.
Si el talento falla, probablemente el problema seas tú como entorno. Hay varios factores que explican esta desconexión y, sin ánimo de ser exhaustivo, podríamos empezar por lo que yo llamo el ciclo de desconexión del talento: la incapacidad de maestros, entrenadores o managers. No saben gestionar el talento. Gestionan un restaurante de tres estrellas Michelin como si fuera una cadena de comida rápida: todo estandarizado, tareas cerradas y monótonas que generan desidia y desinterés. https://doi.org/10.1016/j.jvb.2018.08.001
Otro motivo, y lo vemos mucho en deporte, es que las personas con talento han podido pasar año tras año sin tener que crear hábitos. Sus propias capacidades les permitían saltarse las rutinas de esfuerzo e ir avanzando, hasta que llega un punto en que no es suficiente y se enfrentan a un muro que no saben superar. No tienen las herramientas para afrontarlo, teniendo que volver a dar un paso atrás para aprender esas habilidades que no habían cultivado. https://www.observatoriorh.com/orh/la-brecha-del-talento-no-solo-escaso-sino-tambien-lejano.html
Podemos sumar a esto el proceso de burnout: quienes siempre han estado trabajando su talento, con buenos hábitos y disciplina, que han rendido siempre, pero que han confundido lo que son con sus resultados. Puede ser por propia exigencia o por complacer a una figura de autoridad (padre, entrenador, cultura). Se olvidan de crear contextos donde poder relajarse, centrarse en el momento y disfrutar del ahora. https://aacclarebeliondeltalento.com/2017/06/17/altas-capacidades-y-suspensos-cuales-son-las-razones-por-las-que-tu-hijo-fracasa-en-la-escuela/
El síndrome del impostor también existe en todas las edades, con lo que, día tras día, se crea una ansiedad por ser descubiertos. Poco a poco van postergando sus obligaciones hasta que, al final, crean la profecía autocumplida y se convierten en lo que ellos mismos temían.
Carencia de habilidades blandas o una mala gestión de la inteligencia emocional. Se saben todos los ríos del mundo, pero no saben entender sus emociones, no las pueden gestionar y, por consecuencia, tampoco son capaces de conectar con las de los otros, creando desconexión social y aislamiento que lleva inevitablemente a la ansiedad, depresión y soledad, lo que pronostica una caída del rendimiento.
Con este enfoque, la reflexión tendría que estar orientada a cómo solventamos esta situación, porque hemos de ayudar a las personas a desarrollar su talento. Y si tenemos el caso de que ese talento no esté alineado con sus valores, encontrar el siguiente que sí lo esté y desarrollarlo, como bien dice la coach Núria Fonts.
En este orden, repetiríamos el concepto de flow: encontrar ese lugar entre presión y aburrimiento donde ese punto extra de presión nos lleva a rendir más, mejor y con motivación intrínseca. Es importante que cada persona tenga sus propios objetivos personales, en la medida de lo posible, y, a su vez, cada grupo tenga el suyo. En un contexto donde todo tiende a estandarizarse no es sencillo, porque solo queremos un número final que nos diga apto/no apto, pero este es el reto de todos los que tenemos personas a nuestro cargo.
Conectar el crecimiento con sus valores. El aprendizaje o es significativo o será un dato perdido entre los millones de conexiones neuronales que tenemos en ese lugar llamado cerebro. Hemos de cargarlo de emoción, de propósito, de causa, para que la motivación que nace de dentro quiera aprender, quiera mejorar, quiera crecer. https://es.linkedin.com/pulse/por-qu%C3%A9-se-van-los-j%C3%B3venes-talentos-fernando-ant%C3%B3n-hi7vf
Aceptar que nadie se equivoca queriendo y que, si castigamos el error, este se esconderá y perderemos la capacidad de aprender de él: de por qué ocurrió, cómo podemos mejorar y, lo más importante, disociar el resultado de la persona.
Crear hábitos que nos entrenen. Hemos de tener la constancia de trabajar cada día en las pequeñas rutinas que nos acercan a lo que queremos ser, o mejor dicho, que los acercan a lo que nosotros vemos que pueden ser. Es imposible convertirse en el mejor jugador de la NBA si no entrenas cada día los fundamentos; del mismo modo, no se puede ser el mejor cosmólogo consultando Wikipedia un día al mes. La constancia, el hábito y la resiliencia son fundamentales y, como todo, se pueden y se deben entrenar.
Llevo más de seis años trabajando con entrenadores, coaches, profesores y psicólogos, y la conclusión es clara: quien no entrena las habilidades emocionales, especialmente en etapas educativas o al inicio de la carrera profesional, está limitando directamente el desarrollo del talento. No es un complemento, es un factor decisivo para construir a los líderes del mañana. https://www.genbeta.com/laboral/hay-razon-que-92-generacion-z-fracasa-rrhh-llegan-al-mercado-laboral-medio-tormenta-perfecta
Esto no es un problema puntual ni una moda. Tenemos evidencia de que este problema ya ha saltado del colegio a las empresas. La fidelidad corporativa ha caído por los suelos, más de la mitad planean cambiar de trabajo en 2 años y uno de cada diez rechazarían promociones si afectan a su bienestar. https://www.mckinsey.com/capabilities/people-and-organizational-performance/our-insights/great-attrition-or-great-attraction
El talento, por sí solo, no garantiza nada. El talento que no se entrena en habilidades blandas se diluye. El talento que no está alineado con valores se desvía. Y el talento que no desarrolla inteligencia emocional termina rompiéndose antes de llegar donde podía. No es una cuestión de capacidad, es una cuestión de desarrollo.
Por eso, cuando el talento falla, rara vez es porque falte talento. Lo que falla es el sistema que lo rodea.
Y ahí está la diferencia: hay entornos que consumen talento… y entornos que lo construyen.
La pregunta no es cuánto talento tienes delante.
La pregunta es qué estás haciendo tú con él.