Cuando dejas de gritar, empiezas a entrenar de verdad
Hay una frase que se repite en el deporte de base como un mantra vacío: «hay que corregir todo, hay que exigir más». Pero después de una conversación con Manuel Coloma, psicólogo y entrenador con más de cuatro décadas de experiencia en el baloncesto español, esa frase se cae por su propio peso.
Manuel no empezó entrenando con la psicología en la cabeza. Empezó entrenando bien, sin más. Fue años después, cuando dejó las canchas y volvió a la consulta, cuando entendió algo que muchos líderes tardan toda su carrera en descubrir: el entrenamiento le enseñó más de psicología que la psicología de entrenamiento. La experiencia real con personas, bajo presión, en el momento en que algo tiene que funcionar, enseña cosas que ningún máster puede simular. Es exactamente el principio sobre el que trabajamos en Ona Mind, las competencias no se aprenden en la teoría, se entrenan en la práctica repetida.
Uno de los momentos más reveladores de la conversación llega cuando Manuel explica cómo aprende el cerebro. No de golpe. No con cinco correcciones a la vez. El cerebro aprende de una cosa en una cosa, y cuando un entrenador, un jefe de equipo o un líder intenta corregirlo todo a la vez, lo único que consigue es que la persona no sepa realmente qué está aprendiendo. Se queda con lo que le resulta más cómodo, no con lo que de verdad necesitaba mejorar. La paciencia de ir corrigiendo un solo aspecto cada vez no es lentitud, es la única forma en la que el aprendizaje se fija de verdad, el mismo principio que en Ona Mind aplicamos al bloque de foco y atención, entrenar una competencia a la vez, no todas a la vez.
Y aquí aparece una de esas historias que se quedan grabadas mucho después de escuchar el episodio: la del rugby, un deporte donde solo el capitán puede hablar con el árbitro, y donde si otro jugador abre la boca, todo el equipo retrocede diez metros como castigo colectivo. Manuel lo cuenta para explicar algo que va mucho más allá del deporte: cuando el problema de una persona afecta al grupo entero, el grupo tiene que sentirlo para que el cambio sea real. No se trata de imponer una norma desde arriba, se trata de que las consecuencias las viva quien tiene que aprender, junto a quienes le rodean. Trabajo en equipo y autonomía, dos de los doce bloques que entrenamos en Ona Mind, entendidos no como conceptos, sino como algo que se siente en el propio cuerpo.
Pero si hay un momento en el que la conversación se vuelve incómoda, en el mejor sentido, es cuando Manuel habla del deporte como transmisor de valores. Y aquí rompe con el discurso fácil: el deporte no transmite valores por definición, transmite lo que hay en él, bueno y malo. Ver un partido profesional, dice, basta para comprobar cómo los valores quedan arrinconados cuando la presión y la pasión se apoderan de todo. El deporte enseña trabajo en equipo de una forma que ningún seminario puede replicar, pero solo si alguien cuida que eso sea así.
Ese «alguien» es, según Manuel, la pieza que casi nunca se entrena: el propio entrenador. Su reflexión más contundente de toda la charla es esta: la primera asignatura de quien entrena a jóvenes no es la técnica, es el comportamiento maduro. Un entrenador puede saber toda la táctica del mundo, pero si no gestiona bien sus propias emociones, si no trata a las personas con respeto, no está capacitado para formar a nadie. La madurez del adulto compensa, o destruye, la inmadurez natural de quien está aprendiendo, algo que en Ona Mind trabajamos bajo el bloque de regulación emocional, y que Manuel demuestra que no es solo teoría de manual, es la base de cualquier liderazgo real.
Y entonces llega, quizás, el fragmento más humano de todo el episodio: cuando Manuel recuerda a sus propios entrenadores y profesores, y confiesa que no recuerda absolutamente nada de lo que le enseñaron técnicamente, pero sí recuerda con total claridad quién se preocupó por él y quién simplemente lo utilizó. Ese es el resumen de una vida dedicada a formar personas: lo que queda no es el gesto técnico, es el trato humano. Y en la parte negativa, ese recuerdo pesa igual de fuerte, todos guardamos memoria de quien nos hizo sentir miedo antes de un entrenamiento.
La conversación también toca un tema que en el deporte femenino y juvenil se repite sin que casi nadie lo cuestione: el abandono. Manuel no ofrece una respuesta cómoda, y eso es lo que la hace valiosa. Explica cómo, al llegar a determinadas edades, muchas jóvenes hacen una evaluación honesta de sus prioridades y deciden que su tiempo vale más invertido en sus estudios que en entrenar cuatro tardes a la semana en una competición de máxima exigencia. La solución, dice, no está en frenar ese proceso natural, sino en construir espacios donde el deporte pueda seguir existiendo sin la presión de la élite. Un deporte social, distinto del deporte de competición, con sus propias reglas y su propio sentido.
Ese mismo argumento se traslada, casi calcado, al mundo de la salud mental. Manuel describe cómo en la NBA la figura del psicólogo, el fisioterapeuta o el nutricionista está integrada de forma natural dentro de un departamento de recuperación, sin protagonismo ni estigma, simplemente como parte del cuidado del equipo. Aquí, en cambio, todavía cuesta reconocer que necesitar ayuda psicológica es tan normal como necesitar un fisioterapeuta. Y mientras eso no cambie, la responsabilidad seguirá recayendo, injustamente, sobre el propio entrenador.
La charla termina con un consejo que resume toda la filosofía de Manuel Coloma, pensado para quien entrena a un grupo de niños con necesidades muy distintas entre sí: trata bien a las personas. Háblales con buen tono, con educación, deja que se note el afecto. Corrige, pero no riñas. Enseña lo que puedas, que probablemente es mucho, pero hazlo desde el cariño. Porque al final, la gente no vuelve por la victoria. Vuelve porque quiere estar contigo, la misma idea que en Ona Mind ponemos en el centro de cualquier proceso de formación, antes de entrenar una competencia, hay que cuidar a la persona.
Esta conversación es mucho más que baloncesto. Es una lección sobre cómo formar personas, cómo liderar sin gritar, y cómo el verdadero rendimiento nace del trato humano, no del miedo. Si lideras equipos, si formas a otros, si alguna vez has confundido exigencia con dureza, este episodio te va a remover algo.
Puedes escuchar la conversación completa en el podcast Tatxe.
Hoy, con todos nosotros, Manuel Coloma.