Es la base que sostiene todo el proceso de desarrollo: aporta el marco para entender cómo piensa, siente y actúa el joven, y permite intervenir de forma estructurada sobre sus hábitos mentales, emocionales y conductuales. No se plantea como algo teórico, sino como una herramienta práctica para mejorar el rendimiento, la toma de decisiones y el bienestar, especialmente en etapas de crecimiento donde se están construyendo la identidad y los recursos internos.

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