Hay dos razones por las que las personas entrenan: para mejorar o para no empeorar. Lo que es absolutamente cierto es que lo que no se trabaja se pierde. Durante estos últimos artículos hemos hablado sobre la presión y cómo afecta al rendimiento de estudiantes y profesionales; ahora es el momento de dejar la teoría de lado y lanzarnos a trabajar cómo se entrena.

Recuerda: la diferencia entre los que se bloquean y los que pueden ejecutar es que los segundos han entrenado cómo sostener esta emoción.

El primer paso, y fundamental, es entender cómo estamos leyendo la realidad. Hemos de ser conscientes de cómo, ante un mismo suceso, se activan reacciones que van de la amenaza a la oportunidad. Ser el último que habla con el cliente para cerrar un contrato o ser el encargado de lanzar el tiro decisivo al final del partido. Puedes centrarte en que es una ocasión para enfocarte en lo que controlas, en todo lo que has trabajado para estar en esa situación, o apartar el foco hacia el exterior y en las consecuencias de lo que puede ocurrir y que todavía no ha ocurrido.

¿Por qué se activa uno u otro? La percepción de nuestra capacidad para enfrentar la realidad, creer o no creer en nosotros. Es así de sencillo. Por tanto, lo que hemos de entrenar es cómo procesamos la realidad.

Ser capaces no solo de encontrar la respuesta a estas preguntas, sino además de sostenerlas:

  • ¿Cuál es el reto que se me plantea?
  • ¿Qué estoy sintiendo ahora?
  • ¿Qué depende de mí?
  • ¿Qué he hecho antes que se parezca a esto?
  • ¿Qué es lo importante? ¿Alguien se acordará de esto en cien años?
  • ¿Qué decisión está alineada con mis valores?

Es importante no negar la situación: sentirla, sostenerla e integrarla. La evitación no soluciona el problema, sino que lo agrava.

¿Y ahora qué? Aquí es donde la mayoría se queda. Hay herramientas que puedes usar tú solo, sin depender de una persona, una aplicación o un fármaco.

El más sencillo es la respiración. Concentrarse en la respiración ayuda a recuperar el foco y anclar el momento en el aquí y ahora. Hemos de hacer respiraciones profundas, lentas y diafragmáticas, es decir, usando el músculo entre el tórax y el abdomen. Hay varios ritmos; a mí, personalmente, me funcionan repeticiones de tres series de inspiración de cuatro segundos y expiración de seis. El objetivo es bajar el ritmo cardíaco y enfocar la mente consciente en la respiración, dejando fuera otros procesos cognitivos.

En este proceso hemos de visualizar. Y con esto, como bien dice Núria Fonts, no es imaginarte ganando, sino vivenciar el proceso al que te vas a enfrentar. Has de sumergirte completamente para experimentar todas las sensaciones: el ruido, la luz, las voces, el tono… todo lo más cercano posible a la realidad. La mente no distingue lo real de lo imaginado, y es un mecanismo extraordinario para entrenar estas situaciones.

Llámalo mantra, llámalo baseline o llámalo eslogan. Una palabra clave que activa, como si fueras el perro de Pavlov, y te coloca de forma rápida. Ha de ser siempre la misma, has de cargarla y ha de ser el interruptor que corte el bucle de ansiedad. Puede ser un anglicismo como Ready, o, como en mi caso, No rest for the wicked. Sé que es una frase, pero me lleva acompañando mucho tiempo.

Pero no hagamos como Martin Brody y pidamos un barco más grande cuando ya estamos en alta mar enfrentándonos al tiburón. La idea básica es ir de menos a más, incrementando progresivamente la exposición a la situación y al contexto que activa nuestros mecanismos de defensa.

Este esquema de progresión funciona muy bien con la mayoría de personas:

  • Entrenar la habilidad solo, sin nadie que mire y sin situación real. No hay testigos, no hay presión.
  • Mismo proceso, pero grabándote. Ahora puedes repasar lo ocurrido y ver cómo reaccionas. Importante la reflexión y el autoconocimiento.
  • Role play: el siguiente paso. Realizar la tarea con una contraparte que plantee situaciones que puedan surgir. Importante sentirse cómodo, interiorizar el contexto y ser consciente de nuestro cuerpo y mente.
  • Ahora añadimos distractores: llamadas que interrumpen, ruido, música… cualquier factor que pueda ocurrir en la situación real.
  • Aplicamos todo lo anterior, pero la consecuencia es leve: fallamos un tiro que no afecta al resultado o perdemos un contrato que no supone ni un 1% de la facturación.
  • No rest for the wicked: ahora la consecuencia es perder un partido o un 20% de tus objetivos en un solo contrato.

Es importante aprender a andar antes de ponerse a correr. No saltamos de nivel hasta que no controlamos totalmente el anterior.

Recuerda: no fallas tú, falla tu entrenamiento. Pero esto no te exime de responsabilidades. Has de ser consecuente y, si quieres crecer como persona, necesitas algo más que un sueño: necesitas objetivos, hábitos y la voluntad de trabajar cada día para, como decía al principio, mejorar o, si no, no empeorar.

Si después de leer esto sientes que no sabes cómo empezar o que estás atascado, no lo dejes correr. Puedes contactarme para hablarlo o, si lo prefieres, acudir a un profesional cualificado. Hay momentos en los que la mejor decisión consciente es buscar acompañamiento, y eso también es entrenar.