Ahora en funciones de Director Técnico, una de las cuestiones que más le preocupa es cómo se inicia la relación entre el club, los jugadores y sus familias. Considera que gran parte del éxito de un proyecto deportivo depende de construir desde el principio expectativas claras y una visión compartida sobre qué significa realmente formar a un niño a través del deporte.
Su propia trayectoria está profundamente vinculada al deporte escolar. Allí comenzó a desarrollarse tanto como jugador como entrenador, pasando seis años en ese entorno antes de dar el salto al deporte federado. Una experiencia que sigue marcando su manera de entender la formación deportiva.
Para Miguel Ángel existe una diferencia fundamental entre el deporte escolar y el federado. Mientras que en el primero el objetivo principal es el desarrollo integral del niño, en el segundo el componente competitivo adquiere un peso mucho mayor. Sin embargo, defiende que la formación debería seguir siendo prioritaria en cualquier contexto.
A su juicio, la progresiva absorción del deporte escolar por parte de las estructuras federativas ha generado efectos no deseados. Considera que, en muchos casos, las decisiones han estado motivadas más por cuestiones económicas que deportivas.
“Se habla más de cuotas que de niños”, afirma.
En su opinión, esta transformación ha creado una situación prácticamente irreversible. Además, señala que muchas escuelas perciben a los clubes como competidores que llegan para captar jugadores, lo que dificulta enormemente la colaboración entre ambas partes.
Una de sus reflexiones más contundentes tiene que ver con la edad de inicio en la competición federada.
“Debería estar prohibido por ley federar antes de los doce años.”
Su argumento es claro: antes de esa edad el foco debería estar en aprender, disfrutar, desarrollar habilidades motrices y adquirir valores, no en competir bajo estructuras que muchas veces generan presiones innecesarias para niños y familias.
También reivindica la necesidad de que los clubes sean honestos con su realidad deportiva. Cree que las entidades deben asumir el nivel que tienen en función de su trabajo y de la calidad de su formación, evitando atajos que buscan colocar equipos en categorías superiores sin haber construido previamente una base sólida.
Otro de los problemas que identifica es la falta de entrenadores preparados. La escasez de personal provoca que muchas veces acaben dirigiendo equipos personas con muy poca experiencia.
Reconoce que la mayoría lo hacen con la mejor intención posible, pero insiste en que entrenar requiere un proceso de aprendizaje.
“Un entrenador necesita rodaje. Necesita pasar años como ayudante, observar, equivocarse y aprender antes de asumir determinadas responsabilidades.”
Para Miguel Ángel Gómez León, la mejora del baloncesto de formación pasa necesariamente por recuperar la esencia educativa del deporte, reforzar la preparación de los entrenadores y volver a colocar al niño en el centro de todas las decisiones.
Hoy, con todos nosotros, Miguel Ángel Gómez León