Ha vivido el baloncesto desde prácticamente todas las perspectivas posibles. Ha sido jugador, entrenador y ahora también disfruta de este deporte como padre. Una trayectoria que comenzó a los 16 años y que le ha permitido observar cómo ha evolucionado el baloncesto de formación durante las últimas décadas.
Para Sergi Pla existe una idea que debería ser natural dentro de cualquier proyecto deportivo. Los niños tendrían que crecer con la ilusión de llegar algún día al Senior A de su propio club, completando un proceso de formación coherente y progresivo sin necesidad de cambiar constantemente de entidad.
Considera que el baloncesto es, por definición, un deporte colectivo donde todas las piezas tienen valor. No solo importa quien anota los puntos.
“Es algo coral. Son igual de importantes el que mete la canasta, el que defiende o el que da el pase.”
Precisamente por esa visión colectiva reconoce que le cuesta identificarse con algunas tendencias actuales. No le gustan los egos excesivos ni los roles tan rígidos que muchas veces se asignan a jugadores desde edades tempranas, limitando su desarrollo y comprensión global del juego.
También plantea una reflexión que considera fundamental para cualquier club formativo.
“Los clubes tienen que mejorar a los jugadores. Pero la pregunta es: ¿qué significa mejorar?”
Para Sergi Pla, la mejora no puede reducirse únicamente a la técnica o a la táctica. Un jugador también debe crecer en habilidades sociales, gestión emocional, capacidad de esfuerzo, autonomía y trabajo en equipo. La formación integral sigue siendo el verdadero objetivo.
Cuando analiza la realidad de los clubes de barrio, reconoce que competir a alto nivel es un desafío complejo. No basta con tener voluntad. Hace falta tiempo, estructura, paciencia y una visión clara de cuál es la realidad de cada entidad.
Defiende que los clubes deben ser conscientes de dónde están y construir proyectos sostenibles, apostando por una amplia base de jugadores y familias comprometidas.
Sin embargo, observa una dificultad creciente.
“Cada vez hay menos clase media.”
En su opinión, el ruido que rodea actualmente al deporte formativo genera expectativas poco realistas y provoca movimientos constantes de jugadores en busca de resultados inmediatos.
Por eso insiste en que la implicación de las familias es una pieza imprescindible. Los padres deben comprender qué significa formar parte de un club de barrio, cuáles son sus posibilidades reales y cuál es el ritmo natural de desarrollo de los niños.
Para Sergi Pla, el futuro del baloncesto de formación pasa por recuperar la esencia del juego colectivo, valorar todos los roles dentro del equipo y entender que el verdadero éxito no siempre se mide en categorías o resultados, sino en el crecimiento de las personas que forman parte del proyecto.
Hoy, con todos nosotros, Sergi Pla